despertando
Poeta adicto al portal
Tú, compañera
de mi alma…,
siempre a mi vera…
Tú, compañera,
que apenas nombré,
pues eres causa de mis sueños,
de mis huidas y de mis caídas…
Ahora sí, puedo darte las gracias,
Amada mía…
Gracias por tu compañía,
por tu nostalgia y cercanía…
Por no abandonarme ni ser violenta,
como lo fueron los ingratos,
fingidos y falsos...,
que no nos escucharon.
Mas todo curso llega a su fin,
aunque tú y yo nunca acabaremos;
pues siempre fue fecundo
nuestro arrullo y murmullo;
y los ecos y pronombres
de nuestras manos,
siempre fueron pobres.
de mi alma…,
siempre a mi vera…
Tú, compañera,
que apenas nombré,
pues eres causa de mis sueños,
de mis huidas y de mis caídas…
Ahora sí, puedo darte las gracias,
Amada mía…
Gracias por tu compañía,
por tu nostalgia y cercanía…
Por no abandonarme ni ser violenta,
como lo fueron los ingratos,
fingidos y falsos...,
que no nos escucharon.
Mas todo curso llega a su fin,
aunque tú y yo nunca acabaremos;
pues siempre fue fecundo
nuestro arrullo y murmullo;
y los ecos y pronombres
de nuestras manos,
siempre fueron pobres.