cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
La mujer que me ha entregado todo
con herencia de cuerpo entero
es su alma la que yo quiero
para colmar de amores su trono.
Ella es la inocencia durmiendo
cuando al niño le da miedo
entre brazos busca refugio
y es mi calor con en que la duermo.
Es luna de abril furtiva entre sabanas de cielo
con un tapete de mimbre que cuelgue de su cieno;
es ella la magia que siempre deseo
cuando estando a solas los dos en su vientre me veo.
Es la respuesta a mis locuras
cuando cómplice el sol me arrulla
y ella con su dulzura
calma mis incongruentes conjeturas.
Fue regazo de un paraíso ya muerto
cuando el Edén quedo sediento y yo junto con él;
me brindó su ánfora dorada
y bebiendo de la copa sagrada, supe que seria mi mujer.
Volviose la fiera colgada, en aquel árbol triste y vacío
cuando durmiendo frente a un río, vio su silueta dibujada;
entre ninfas ya desmayadas, encontré siempre a mi amada
sollozando con la luna enredada, la mime con ternura mesurada
y fue la suerte mi aliada, al darme una mujer inmaculada.
con herencia de cuerpo entero
es su alma la que yo quiero
para colmar de amores su trono.
Ella es la inocencia durmiendo
cuando al niño le da miedo
entre brazos busca refugio
y es mi calor con en que la duermo.
Es luna de abril furtiva entre sabanas de cielo
con un tapete de mimbre que cuelgue de su cieno;
es ella la magia que siempre deseo
cuando estando a solas los dos en su vientre me veo.
Es la respuesta a mis locuras
cuando cómplice el sol me arrulla
y ella con su dulzura
calma mis incongruentes conjeturas.
Fue regazo de un paraíso ya muerto
cuando el Edén quedo sediento y yo junto con él;
me brindó su ánfora dorada
y bebiendo de la copa sagrada, supe que seria mi mujer.
Volviose la fiera colgada, en aquel árbol triste y vacío
cuando durmiendo frente a un río, vio su silueta dibujada;
entre ninfas ya desmayadas, encontré siempre a mi amada
sollozando con la luna enredada, la mime con ternura mesurada
y fue la suerte mi aliada, al darme una mujer inmaculada.