eclipse
Poeta recién llegado
Rasguña la brisa mis labios embrollados
en un reacio hacinamiento de sueños,
en una mistérica melodía que invoca
el violín anónimo, el lamento.
Y me seduce al abismo antes ignorado;
antes: cómoda en un arrabal de la gloria,
a la deriva en un ponto etílico,
una creación de la mente,
oscuridad inminente.
Ahora su filo lacera mis pies
y su cálido aliento en un hastío
desde la hondura sublima una promesa,
monótona y alusiva, repetida.
Es una arenga al olvido,
al cielo perdido.
No más sollozos o dudas,
recuerdos del lacerante frío
que lamió aquel jardín florido de muerte,
no más soles, no más colores,
ni manos distantes
o caricias.
No merezco el perdón,
y comprender será dificíl.
Los puentes nocturnos ardieron, mas no
iluminaron mi camino:
yo sólo anhelaba
la vida.
en un reacio hacinamiento de sueños,
en una mistérica melodía que invoca
el violín anónimo, el lamento.
Y me seduce al abismo antes ignorado;
antes: cómoda en un arrabal de la gloria,
a la deriva en un ponto etílico,
una creación de la mente,
oscuridad inminente.
Ahora su filo lacera mis pies
y su cálido aliento en un hastío
desde la hondura sublima una promesa,
monótona y alusiva, repetida.
Es una arenga al olvido,
al cielo perdido.
No más sollozos o dudas,
recuerdos del lacerante frío
que lamió aquel jardín florido de muerte,
no más soles, no más colores,
ni manos distantes
o caricias.
No merezco el perdón,
y comprender será dificíl.
Los puentes nocturnos ardieron, mas no
iluminaron mi camino:
yo sólo anhelaba
la vida.