Complejos amorosos.

Marc Antoine

Poeta recién llegado
Escribo y no entiendo, mi labio se retuerce y me muerdo,
canalla sentimiento que viene y me desequilibra;
me hace empequeñerme mientras mi garganta rompe.
Hace empuñar la desesperación de un vicio que ha matado amor tras amor,

vuelve mi cabeza pesada y me punza la frente… volteo al techo,
como buscando estrellas y calma, para este tango de ojos llorosos,
buscando remisión para estos recuerdos que hoy en dia,
siguen opacando la mirada, borrando la sonrisa,
desapareciendo la esperanza y, reviviendo el recuerdo ácido…
me vuelvo una guitarra sin cuerdas, unas tijeras sin filo…
un cenzontle sin canto.

Hasta que en mi boca el sabor a hierro invade. Sangro,

no por un golpe ni un descuido, sangro por inconsciente y no querer soltar,
pues atado a mi cuerpo llevo un dolor del alma, que sin palabras me deja para escribir,
pero siempre el orgullo fiero; que malo o bueno,
me manda al frente arriesgando todo por un maldito sentimiento.
Y sigo sin entenderme, sigo sin encontrar la fortaleza de mi debilidad,
la busco en el infinito, en mis libros, en la música… mas no encuentro
paz para los ojos nublados y tono para las voces quebradas,
espero se sequen los ojos después de esta lluviosa mañana.
De la pasada noche tan llena de temor.
 
Escribo y no entiendo, mi labio se retuerce y me muerdo,
canalla sentimiento que viene y me desequilibra;
me hace empequeñerme mientras mi garganta rompe.
Hace empuñar la desesperación de un vicio que ha matado amor tras amor,
vuelve mi cabeza pesada y me punza la frente… volteo al techo,
como buscando estrellas y calma, para este tango de ojos llorosos,
buscando remisión para estos recuerdos que hoy en dia,
siguen opacando la mirada, borrando la sonrisa,
desapareciendo la esperanza y, reviviendo el recuerdo ácido…
me vuelvo una guitarra sin cuerdas, unas tijeras sin filo…
un cenzontle sin canto.

Hasta que en mi boca el sabor a hierro invade. Sangro,
no por un golpe ni un descuido, sangro por inconsciente y no querer soltar,
pues atado a mi cuerpo llevo un dolor del alma, que sin palabras me deja para escribir,
pero siempre el orgullo fiero; que malo o bueno,
me manda al frente arriesgando todo por un maldito sentimiento.
Y sigo sin entenderme, sigo sin encontrar la fortaleza de mi debilidad,
la busco en el infinito, en mis libros, en la música… mas no encuentro
paz para los ojos nublados y tono para las voces quebradas,
espero se sequen los ojos después de esta lluviosa mañana.
De la pasada noche tan llena de temor.
Poema intenso... Muy sensible. Tu joven alma, amigo, es sabia en sentimientos, rica en matices bajo el manto de una voz de poder universal. Nunca, nunca dejes de escribir porque tienes alma de poeta.
Un abrazo.
Jazmín
 
Tu debilidad se llama " Temor reverencial ".
O sea que te postras ante quien sabe más que tú.
Y también, ante quien es pobre y harapiento.
Te postras ante cualquier presunto ídolo.


Así, tu Misericordia es falsa. Con lo cuál, no amas al prójimo. Más bien le temes.


oh-mi-cristo-dejame-besar.jpg



¿ Cuál es el remedio ?
Recordemos que prójimo es quien socorre al caído.
El remedio, querido amigo, es el conocimiento.


¿ Cómo llegas a conocer al otro ? A tu primo, o a tu hermano, o a tu tío, o a tu abuela...


jesus-de-nazareth.jpg



Le miras a los ojos.
Ves cómo se mueve...
¿ Parece un pato ? ¿ Es un missil ? ¿ Es explosivo ? ¿ Puede causar el desmoronamiento de una catedral ?
¿ Tiene colmillos de elefante ? ¿ Es una rata enorme ? ¿ Parece querer morderte ?


Pues no.


¡ Qué alivio ! Es un amigo. Menos mal. Respiramos hondamente... Uff.
 
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Escribo y no entiendo, mi labio se retuerce y me muerdo,
canalla sentimiento que viene y me desequilibra;
me hace empequeñerme mientras mi garganta rompe.
Hace empuñar la desesperación de un vicio que ha matado amor tras amor,
vuelve mi cabeza pesada y me punza la frente… volteo al techo,
como buscando estrellas y calma, para este tango de ojos llorosos,
buscando remisión para estos recuerdos que hoy en dia,
siguen opacando la mirada, borrando la sonrisa,
desapareciendo la esperanza y, reviviendo el recuerdo ácido…
me vuelvo una guitarra sin cuerdas, unas tijeras sin filo…
un cenzontle sin canto.

Hasta que en mi boca el sabor a hierro invade. Sangro,
no por un golpe ni un descuido, sangro por inconsciente y no querer soltar,
pues atado a mi cuerpo llevo un dolor del alma, que sin palabras me deja para escribir,
pero siempre el orgullo fiero; que malo o bueno,
me manda al frente arriesgando todo por un maldito sentimiento.
Y sigo sin entenderme, sigo sin encontrar la fortaleza de mi debilidad,
la busco en el infinito, en mis libros, en la música… mas no encuentro
paz para los ojos nublados y tono para las voces quebradas,
espero se sequen los ojos después de esta lluviosa mañana.
De la pasada noche tan llena de temor.
Para sentir lo que sientes escribes de maravilla, poema rico en matices repletos de melancolía, los miedos se vencen amando a la vida y a lo que se ponga por delante. Un abrazo amigo Marc. Paco.
 

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