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Cómplice

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
La voz desde su vejiga ignota
arañaba el recién esmalte de mi garganta;
el ojo minutero esculpía su estalactita de caer
y solo el grito joven se erguía furioso
sobre un dominio de sales estatuarias
con fiel acústica de rebeliones hormonales
contra el cauce del ruido indiferente:
mis palabras caducifolias eran un bosque
incapaz de escapar de sí mismo
entre las llamas.

Luego escuché a los árboles indolentes;
aprendí un alfabeto de callar
y correr con el viento hasta hacerlo raíz.
Dialogué miradas sinuosas con el camino;
como las piedras, cerré la boca
y abrí los ojos al interior: obtuve el descanso
de no encontrar sino la búsqueda
de una ciudad deshabitada
donde el eco preguntó:
¿con quién hablas?

Te hablaba a ti y tú me hablaste.
Nuestra voz era habitable a todo intento
de perdurar a favor de los astros,
porque del universo aprendimos
que somos su alma de mirarlo
y de que se mire en nosotros
mientras lo engendramos cuerpo a cuerpo.
De nuestros cuerpos aprendimos
que son para abrazarlos el instante eterno
y dejar que se marchen.

Regresé de la estación
bajo todas las noches sin rumbo,
arremolinadas como firmamento de Van Gogh.
Escuché que mis pasos se quedaban atrás,
y me sentí sin voz, solo de nuevo.
En la oscuridad, algo sonreía una canción,
me cantaba sin tener idioma o aliento.
Abrí el puño hueco y mi mano
no se había marchado con el adiós…
tampoco mi corazón.


28 de julio de 2013
 
La voz desde su vejiga ignota
arañaba el recién esmalte de mi garganta;
el ojo minutero esculpía su estalactita de caer
y solo el grito joven se erguía furioso
sobre un dominio de sales estatuarias
con fiel acústica de rebeliones hormonales
contra el cauce del ruido indiferente:
mis palabras caducifolias eran un bosque
incapaz de escapar de sí mismo
entre las llamas.

Luego escuché a los árboles indolentes;
aprendí un alfabeto de callar
y correr con el viento hasta hacerlo raíz.
Dialogué miradas sinuosas con el camino;
como las piedras, cerré la boca
y abrí los ojos al interior: obtuve el descanso
de no encontrar sino la búsqueda
de una ciudad deshabitada
donde el eco preguntó:
¿con quién hablas?

Te hablaba a ti y tú me hablaste.
Nuestra voz era habitable a todo intento
de perdurar a favor de los astros,
porque del universo aprendimos
que somos su alma de mirarlo
y de que se mire en nosotros
mientras lo engendramos cuerpo a cuerpo.
De nuestros cuerpos aprendimos
que son para abrazarlos el instante eterno
y dejar que se marchen.

Regresé de la estación
bajo todas las noches sin rumbo,
arremolinadas como firmamento de Van Gogh.
Escuché que mis pasos se quedaban atrás,
y me sentí sin voz, solo de nuevo.
En la oscuridad, algo sonreía una canción,
me cantaba sin tener idioma o aliento.
Abrí el puño hueco y mi mano
no se había marchado con el adiós…
tampoco mi corazón.


28 de julio de 2013
Es que uno no se marcha con el adiós, aquí nos quedamos, dolidos y doliendo.
Besazo y... ya sabés.♡
 
La voz desde su vejiga ignota
arañaba el recién esmalte de mi garganta;
el ojo minutero esculpía su estalactita de caer
y solo el grito joven se erguía furioso
sobre un dominio de sales estatuarias
con fiel acústica de rebeliones hormonales
contra el cauce del ruido indiferente:
mis palabras caducifolias eran un bosque
incapaz de escapar de sí mismo
entre las llamas.

Luego escuché a los árboles indolentes;
aprendí un alfabeto de callar
y correr con el viento hasta hacerlo raíz.
Dialogué miradas sinuosas con el camino;
como las piedras, cerré la boca
y abrí los ojos al interior: obtuve el descanso
de no encontrar sino la búsqueda
de una ciudad deshabitada
donde el eco preguntó:
¿con quién hablas?

Te hablaba a ti y tú me hablaste.
Nuestra voz era habitable a todo intento
de perdurar a favor de los astros,
porque del universo aprendimos
que somos su alma de mirarlo
y de que se mire en nosotros
mientras lo engendramos cuerpo a cuerpo.
De nuestros cuerpos aprendimos
que son para abrazarlos el instante eterno
y dejar que se marchen.

Regresé de la estación
bajo todas las noches sin rumbo,
arremolinadas como firmamento de Van Gogh.
Escuché que mis pasos se quedaban atrás,
y me sentí sin voz, solo de nuevo.
En la oscuridad, algo sonreía una canción,
me cantaba sin tener idioma o aliento.
Abrí el puño hueco y mi mano
no se había marchado con el adiós…
tampoco mi corazón.


28 de julio de 2013
Quién se va con el adiós?:(
 
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