Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo comprobé, de adultez y humanidad,
que tales verbos son en sí, dos paradojas;
pues, mezquinamos como niños obstinados
la concordancia que debiéramos tener.
Que recitamos por inercia el buenos días,
las buenas noches las gruñimos recelando,
y si hermanamos voluntades compatibles,
las arrumbamos en el cuarto del después.
Que, marionetas cuyos hilos personales
mellarían juntos miles de hojas de tijera,
se nos recortan separados, por obtusos;
ya que a la alianza, preferimos el caer.
Que no hay ventura ni mal que nos corrija,
que recorremos nuestros filos de navaja
sin la mesura ni el afán del caracol, y así,
despanzurramos nuestro ser y nuestra fe.
Y comprobé, que es temerario pensar bien.
que tales verbos son en sí, dos paradojas;
pues, mezquinamos como niños obstinados
la concordancia que debiéramos tener.
Que recitamos por inercia el buenos días,
las buenas noches las gruñimos recelando,
y si hermanamos voluntades compatibles,
las arrumbamos en el cuarto del después.
Que, marionetas cuyos hilos personales
mellarían juntos miles de hojas de tijera,
se nos recortan separados, por obtusos;
ya que a la alianza, preferimos el caer.
Que no hay ventura ni mal que nos corrija,
que recorremos nuestros filos de navaja
sin la mesura ni el afán del caracol, y así,
despanzurramos nuestro ser y nuestra fe.
Y comprobé, que es temerario pensar bien.
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