Creo que antes de mí, jamás estuve.
Supongo que después, jamás tampoco.
Mi efímero presente es una nube
de sueños incumplidos sin un foco.
Me sumerjo por tu nivel que sube.
Ha sido visto: nada nunca troco.
Ni por plata tus ríos que contuve,
ni por oro tu piel, por más que toco.
No soy perla perfecta ni brillante,
ni piedra fina para tu vitrina.
Ni diamante. De bruto, sí, bastante
cuando cierro de golpe la cortina.
De inmediato tu sol se ve distante
y el musgo aflora raudo en mi retina.
Última edición: