Con admiración...

Guadalupe D. Lopez

Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando escuché lo que hacia, empece a admirarle.
Cuando me vi por primera vez en sus ojos, me perdí por completo en ellos.
Fue como dejarse envolver por las olas del mar después de una noche de tempestad, cálida y tranquila.
Verla cargar tanta tristeza, me conmovió.
Me gustaba su voz, suave y melancólica. Hablaba con propiedad, pero siempre dejando entrever a dónde quería llegar.
Sus acciones la hacían ser diferente. Tuvo sueños como todos los demás, pero habían dejado de ser su prioridad. Vivía al día, sin planes futuros.
Para sobrevivir, la vi aferrarse a los recuerdos con uñas y dientes. Con frecuencia hasta se olvidaba de sonreír.
Sabia, que una perdida irreemplazable le había cambiado la vida. Podía palpar el enorme vacío que la rodeaba. No solía quejarse ni hablar con cualquiera de lo que le pasaba. Su mejor amigo, un viejo diario de suave pastas color ámbar, testigo fiel de sus desvelos la acompañaba a todos lados.
Cuando la veía llegar, tan solo al verla entrar al lugar, me daba la impresión de ser, "quien amó y se sabe amada hasta el final"
Nunca esperaba nada de nadie, pero solía darlo todo.
Parecía no importarle lo que la gente pensara de ella.
Siempre se tomaba su tiempo para llegar a donde iba.
Creo que nunca antes había conocido a nadie como ella.
Hasta que me miré en el espejo...
Y vi que era yo.
 
Última edición:
Poeta Zev muchas gracias por visitar mi rincón y por dejar su huella. Saludos cordiales. Gracias por leerme espero que encontrar mis letras haya sido de su agrado.
 
Cuando escuché lo que hacia, empece a admirarle.
Cuando me vi por primera vez en sus ojos, me perdí por completo en ellos.
Fue como dejarse envolver por las olas del mar después de una noche de tempestad, cálida y tranquila.
Verla cargar tanta tristeza, me conmovió.
Me gustaba su voz, suave y melancólica. Hablaba con propiedad, pero siempre dejando entrever a dónde quería llegar.
Sus acciones la hacían ser diferente. Tuvo sueños como todos los demás, pero habían dejado de ser su prioridad. Vivía al día, sin planes futuros.
Para sobrevivir, la vi aferrarse a los recuerdos con uñas y dientes. Con frecuencia hasta se olvidaba de sonreír.
Sabia, que una perdida irreemplazable le había cambiado la vida. Podía palpar el enorme vacío que la rodeaba. No solía quejarse ni hablar con cualquiera de lo que le pasaba. Su mejor amigo, un viejo diario de suave pastas color ámbar, testigo fiel de sus desvelos la acompañaba a todos lados.
Cuando la veía llegar, tan solo al verla entrar al lugar, me daba la impresión de ser, "quien amó y se sabe amada hasta el final"
Nunca esperaba nada de nadie, pero solía darlo todo.
Parecía no importarle lo que la gente pensara de ella.
Siempre se tomaba su tiempo para llegar a donde iba.
Creo que nunca antes había conocido a nadie como ella.
Hasta que me miré en el espejo...
Y vi que era yo.


Te felicito por animarte a la prosa.
Es personal, introspectiva, de cuidadoso análisis, y con la fuerza que solo tienen las cuestiones más profundas del alma y el corazón.
Me alegra leerte de nuevo, y espero que te atrevas a escribir todo tipo de relatos, porque te salen muy bien.
Un abrazo grande.
 
Gracias poetisa Cecy B por su bella visita a mi espacio y por tan generoso comentario lleno de porras y entusiasmo. Voy a tratar a ver qué se puede a hacer. Gracias por leerme. Un abrazo uniendo distancias.
 
Cuando escuché lo que hacia, empece a admirarle.
Cuando me vi por primera vez en sus ojos, me perdí por completo en ellos.
Fue como dejarse envolver por las olas del mar después de una noche de tempestad, cálida y tranquila.
Verla cargar tanta tristeza, me conmovió.
Me gustaba su voz, suave y melancólica. Hablaba con propiedad, pero siempre dejando entrever a dónde quería llegar.
Sus acciones la hacían ser diferente. Tuvo sueños como todos los demás, pero habían dejado de ser su prioridad. Vivía al día, sin planes futuros.
Para sobrevivir, la vi aferrarse a los recuerdos con uñas y dientes. Con frecuencia hasta se olvidaba de sonreír.
Sabia, que una perdida irreemplazable le había cambiado la vida. Podía palpar el enorme vacío que la rodeaba. No solía quejarse ni hablar con cualquiera de lo que le pasaba. Su mejor amigo, un viejo diario de suave pastas color ámbar, testigo fiel de sus desvelos la acompañaba a todos lados.
Cuando la veía llegar, tan solo al verla entrar al lugar, me daba la impresión de ser, "quien amó y se sabe amada hasta el final"
Nunca esperaba nada de nadie, pero solía darlo todo.
Parecía no importarle lo que la gente pensara de ella.
Siempre se tomaba su tiempo para llegar a donde iba.
Creo que nunca antes había conocido a nadie como ella.
Hasta que me miré en el espejo...
Y vi que era yo.
Sería una falsedad no aprender a quererse, aunque solo sea un poquito, y no ser cómplices de nuestra propia tristeza, y no escucharnos, y no ser parte de nuestros propios sueños, y no vivir, al fin y al cabo, nuestros propios día a día.
Veo que vamos sobreviviendo (y eso me alegra), aunque los silencios sigan siendo un buen confidente.
Sin prisas para llegar a donde haya que llegar; en el recorrido está la esencia.
Un saludote, Guadalupe, mientras pasaba.
 
Alonso Vicent Muchas gracias por su paso por mis letras, por dejar su huella y por la belleza de su generoso comentario. Gracias por leerme.
 
Cuando escuché lo que hacia, empece a admirarle.
Cuando me vi por primera vez en sus ojos, me perdí por completo en ellos.
Fue como dejarse envolver por las olas del mar después de una noche de tempestad, cálida y tranquila.
Verla cargar tanta tristeza, me conmovió.
Me gustaba su voz, suave y melancólica. Hablaba con propiedad, pero siempre dejando entrever a dónde quería llegar.
Sus acciones la hacían ser diferente. Tuvo sueños como todos los demás, pero habían dejado de ser su prioridad. Vivía al día, sin planes futuros.
Para sobrevivir, la vi aferrarse a los recuerdos con uñas y dientes. Con frecuencia hasta se olvidaba de sonreír.
Sabia, que una perdida irreemplazable le había cambiado la vida. Podía palpar el enorme vacío que la rodeaba. No solía quejarse ni hablar con cualquiera de lo que le pasaba. Su mejor amigo, un viejo diario de suave pastas color ámbar, testigo fiel de sus desvelos la acompañaba a todos lados.
Cuando la veía llegar, tan solo al verla entrar al lugar, me daba la impresión de ser, "quien amó y se sabe amada hasta el final"
Nunca esperaba nada de nadie, pero solía darlo todo.
Parecía no importarle lo que la gente pensara de ella.
Siempre se tomaba su tiempo para llegar a donde iba.
Creo que nunca antes había conocido a nadie como ella.
Hasta que me miré en el espejo...
Y vi que era yo.
Me alegra que ese espejo revele todas esas cualidades que te validan como persona. Saludos cordiales, Guadalupe.
 
Sergio amigo muchas gracias por su bella compañía en mis letras esta fría y blanca mañana y por tan hermosa apreciación. Gracias también por dejar su huella y por leerme. Saludos cordiales. Bendiciones.
 

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