Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con el alma feliz
Giraba y giraba y el viento me elevaba
como a una pluma ligera
más allá de las cosas de todos los días
y sin saber adónde iba
me dejaba llevar y todo era como un juego,
como un niño inocente y confiado gozaba
con los ojos atentos y con el alma feliz
Y a lo lejos, cada vez más lejos
se achicaban los techos, y las verdes agujas
de los pinos enhiestos y de los campanarios
se alejaban al par que crecían los campos labrados
y ya se veían del río las escamas brillantes
(serpenteante culebra dorada)
y el alma feliz retozaba gozando del vuelo
tan vívido y libre en el límpido cielo turquí .
Ya no veía las gentes, no sentía mi cuerpo,
habíame vuelto brisa en los brazos del viento
y a poco ya no había formas, tampoco colores
pues todo era ahora un torrente
de argéntea Luz
y cantábame el viento sus suaves arrullos
sin saber que ingresaba para siempre a la muerte
en ascenso glorioso y con el alma feliz...
EDUARDO MORGUENSTERN
Giraba y giraba y el viento me elevaba
como a una pluma ligera
más allá de las cosas de todos los días
y sin saber adónde iba
me dejaba llevar y todo era como un juego,
como un niño inocente y confiado gozaba
con los ojos atentos y con el alma feliz
Y a lo lejos, cada vez más lejos
se achicaban los techos, y las verdes agujas
de los pinos enhiestos y de los campanarios
se alejaban al par que crecían los campos labrados
y ya se veían del río las escamas brillantes
(serpenteante culebra dorada)
y el alma feliz retozaba gozando del vuelo
tan vívido y libre en el límpido cielo turquí .
Ya no veía las gentes, no sentía mi cuerpo,
habíame vuelto brisa en los brazos del viento
y a poco ya no había formas, tampoco colores
pues todo era ahora un torrente
de argéntea Luz
y cantábame el viento sus suaves arrullos
sin saber que ingresaba para siempre a la muerte
en ascenso glorioso y con el alma feliz...
EDUARDO MORGUENSTERN
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