Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
El mar blanquea la tarde. Las gaviotas
conversan la jornada en la playa.
La arena se hace pesada bajo mis
pies, como si arrastrara vidas
enteras y solo
cargo la mía.
No me sirve que me digas que me
recuerdas con cariño, no me
sirve que me digas que era cosa
de tiempo.
Aquí la primavera me cayó encima y
los trinos de los pájaros, me
parecen graznidos de cuervos y
las flores, dibujos de niños
en blanco y negro.
Sé que debo continuar, pero,los
consejos se me pegan a la
piel como escarcha y
se van cuando me parece
ver el brillo de tus ojos
en el mar.
Me corono de recuerdos. Que largo
es el camino que debo andar.
Infinita me pareces como estas
olas que van y vienen sin
cesar.
El puerto te a escondido entre sus cerros
para siempre, las callejuelas
guardan tus pasos y algunas
esquinas tus besos.
Los faroles se han quedado con tu
brillo y yo con la sombra, con
la mía, con la propia.
En las manos, arena. En las manos la
sal de la inmensidad de estas
aguas, a lo lejos, las
campanas tañen la nostalgia
llena de distancia, las
mismas que nos hacían soñar
con la vida.
Ya no te tengo, te he perdido, es cierto,
el consuelo falleció en la puerta, tras tu última
palabra, el amor se arrastra en la arena
con ojos de perro quiltro.
¿ Será tan largo el olvido, como dijo el poeta
grande?.
¿Será suficiente con las letras?
¿Será mañana diferente?
La noche a caído y no me he dado cuenta,
La noche a caído y no me he dado cuenta,
¡A caminar, a caminar¡ con el frio
a la espalda, con el cuello
del abrigo en alto,
con las lagrimas maduras y
la pena anudada en la nuez
como corbata.
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