Mercedes Bou Ibáñez
Poeta recién llegado
Con mi soledad a cuestas
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En trémula oscuridad en mi habitación umbría,
¡cantando por no llorar! helada, muerta de frío,
con sus paredes delgadas como huesos de jilguero,
con mi soledad a cuestas, una pluma y un tintero
y cuatro cuartillas viejas, amarillas por el tiempo
y un candelabro de plata, que ya perdió su color.
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Una cabeza vacía, la mano que no responde
y un chillido en la garganta, ¿dónde está, dónde se fue?
dónde está la musa mía? ¿dónde está? dime porqué
dime tú ¿por qué se esconde? ¿por qué no me viene a ver?
Por qué no aparece ya ¡y llena de luz mis días!
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Hubo tiros en el banco, balearon un obrero,
robaba para vivir, -no puedo escribir sobre esto,
pues se vendrán a por mí y cargaré con el muerto.
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A la niña del alcalde, parece que la preñaron,
¿y si le hiciera unos versos? mas será mejor que no,
no me saldría de balde, por menos hicieron presos
a tres o cuatro niñatos que estaban pintando besos
ayer en la madrugada por las esquinas del barrio.
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Si de libertad escribo, del hombre la lucha eterna,
no sé que decir tampoco, de cosas que desconozco
versear me da pereza, pues poco puedo escribir
y una voz acongojada resuena por mi cabeza.
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"-Libérate tú primero, para hablar de libertad,
desenrolla la madeja, de tantos falsos complejos,
de tus miedos, de tus luchas, de esa vanidad que ensalza
las alturas de tus vuelos y tira ya por la borda
sin reparo y sin tardanza aquel disfraz de cordero.
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Podrás escribir de nuevo y regresarán las musas,
que solo comparten migas con las almas que son bellas
sin dobleces ni fisuras, con las almas que son puras
y van disparando besos regándolos con sonrisas
y un buen baño de ternura.
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