Anthony Silver
Poeta recién llegado
Con permiso del maestro...
Cierta noche aciaga, cuando con la mente cansada,
vino a mi cabeza tranquila una visión un tanto anormal
pues me hallaba casi dormido y un tanto aturdido,
tras en varias noches pasadas el sueño no poder conciliar.
Mis ojos se cerraron con tal violenta pesadez
que sentí como si mi cuerpo mismo dejara de ser.
Dejé como por inercia la pesada puerta abierta
que tantas noches antes ni la mayor oscuridad
conseguía traspasar, el frío entró con violencia,
y yo, inmerso ya en mi profundo sueño, sentía
dentro de mi alma, que esa noche no olvidaría,
y tenía miedo de no despertar.
El recuerdo me invadía y mi corazón sangraba
al ver que en mi interior nada bueno ya quedaba.
Las horas lentamente pasaban y el reloj a veces
parecía dormido, y en mi sueño pasaban meses
buscando la salida o la entrada al mundo real,
aquel lugar maravilloso que no debí abandonar.
Cada segundo pasado mi alma se consumía.
como una colilla encendida arrojada con pesar,
y el corazón en mi mano por segundos latía
pero sabiendo con tristeza que poco iba a durar.
Vacío ya de vida, dentro de mi mente solo cabía
la idea de la soledad y de por fin poder descansar.
Ahora vivo en un permanente y extraño sueño,
donde por escasos momentos estoy casi vivo
y donde mi corazón todavía no vuelve a su dueño,
ya que sigue esperando con dolor merecido
una bocanada de vida que sea más que un sueño.
Y nunca desperté...
Silver
Cierta noche aciaga, cuando con la mente cansada,
vino a mi cabeza tranquila una visión un tanto anormal
pues me hallaba casi dormido y un tanto aturdido,
tras en varias noches pasadas el sueño no poder conciliar.
Mis ojos se cerraron con tal violenta pesadez
que sentí como si mi cuerpo mismo dejara de ser.
Dejé como por inercia la pesada puerta abierta
que tantas noches antes ni la mayor oscuridad
conseguía traspasar, el frío entró con violencia,
y yo, inmerso ya en mi profundo sueño, sentía
dentro de mi alma, que esa noche no olvidaría,
y tenía miedo de no despertar.
El recuerdo me invadía y mi corazón sangraba
al ver que en mi interior nada bueno ya quedaba.
Las horas lentamente pasaban y el reloj a veces
parecía dormido, y en mi sueño pasaban meses
buscando la salida o la entrada al mundo real,
aquel lugar maravilloso que no debí abandonar.
Cada segundo pasado mi alma se consumía.
como una colilla encendida arrojada con pesar,
y el corazón en mi mano por segundos latía
pero sabiendo con tristeza que poco iba a durar.
Vacío ya de vida, dentro de mi mente solo cabía
la idea de la soledad y de por fin poder descansar.
Ahora vivo en un permanente y extraño sueño,
donde por escasos momentos estoy casi vivo
y donde mi corazón todavía no vuelve a su dueño,
ya que sigue esperando con dolor merecido
una bocanada de vida que sea más que un sueño.
Y nunca desperté...
Silver
Última edición: