Conclusión del día del castigo.

Claridad

Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Qué me estaba pasando?

Toda la comida la había botado. La señora me hizo ver que esto se debía a que había aguantado meses seguidos sin comer. Mi estómago estaba bastante reducido y comí peligrosamente muy rápido, algo que no debí haber hecho. Por cosas que tiene la vida, los señores que me vigilan trajeron un espejo y me lo dieron. Mis ojos se quedaron pasmados de ver lo que era, "un esqueleto" había adelgazado mucho. Tal vez por ello, dejaron de violarme, pues ya en lo último, me desmayaba cuando me subían a la mesa. Me siento tan sucia. Cadáver viva soy.

Después que ya tenía alguna fuerza, la señora se dirigió a quienes me tenían y les dijo cosas fuerte y mientras lo hacía me señalaba. Probablemente, ella no podía creer lo que me habían hecho. Ello solo se burlaron, pero el que me sacó no lo hizo. Él me miraba y agachaba la cabeza. Vi que le dieron cincuenta mil pesos a la señora para que se fuera, y antes de irse, ella se me acercó me abrazó y me besó. Leí claramente de sus labios que esperaba volver a atenderme, que me cuidara mucho, y que ella me ayudaría a salir de aquí y que le diera algún número de celular o teléfono para ella avisar a mis padres. Yo sin embargo, no uso celular, mi papá me había dejado pues soy la decepción de su vida, más esta dulce señora jamás supo estas cosas.

Cuando se fue, permanecí afuera un rato más hasta que me dieron de comer algo de carne con papas y agua de panela, y posteriormente en ya casi como a las cinco de la tarde me dieron sopa y seco y café negro fuerte. No me importó nada, solo deseaba comer y llenarme el estómago de algo distinto a agua cruda. Me dieron unas mantas y me cubrieron; y el cambuche donde me colocaron, lo limpiaron por completo y trajeron un canapé de lona, de esos que tiene forma de tijera para abrirse y cerrarse. Por primera vez en cuatro meses, podría dormir, no en el suelo, sino por encima.
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Son las seis de la tarde, y me trasladan hacia dentro y nuevamente me colocaron las cadenas, esta vez, en el cuello, la cintura, las manos y los tobillos, todos con candados. Entro un señor alto de tez morena, me vio y me pegó en el rostro muy duro, tanto, que caí al suelo de una y no intenté ni mirarlo. No me explico por qué no lloré, más, sentía un odio muy grande, pues recordé, que mi propio papá me había vendido a ese señor.



posdata......imaginación
 
gracias por atreverse a comentar...........fue muy difícil escribir estas cosas.......de ahí las faltas ortográficas..........pero..............qué más da..........con ortografía y sin ortografía....cuando se le mata.......eso, eso no importa ya.........................un beso mi señor César................Clari
 
Me alegra leer la posdata... saber que es una historia ésta, ficticia, aunque por desgracia para muchas mujeres en el mundo hay mucha veracidad en las letras... Imágenes llenas de dureza, de horror, de resignación, de impotencia, bien plasmadas....
un saludo.-
 
gracias seño onice por ver la realidad de lo que se vivie muchas veces y nadie dice nada.....nadie habla, nadie oye, nadie equilibra......nadie justifica....... hasta la posdata....que solo encubre la realidad........todo es una pena..........un beso mi seño..................Clari
 

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