CONCLUSIÓN
Mis queridos amigos: la tarde cae inclinada
sobre mis hieráticos, mecanizados brazos.
El sol se ha vuelto a ir atribulado,
aunque mañana lo intentará de nuevo,
y pasado mañana; y así seguirá un tiempo.
He estado haciendo los deberes confiados:
he entrado en una profunda y ardua meditación,
me he encomendado a todas las criaturas,
vivientes o no, que nos rodean,
(o que, pienso yo, les gustaría rodearnos
si tuvieran algún sano propósito).
Así es que he concretado algunos puntos
que paso a enumeraros:
la cosa va de abrazos sin remedio,
de cómplices miradas que sabiendo
la verdad más rotunda,
se inventan cada día sus hazañas
y salen hacia el bosque persiguiendo
inexistentes huellas que conduzcan
al anhelado premio.
No he podido encontrar en parte alguna
pruebas irrefutables que permitan
seguir dándole hilo a la cometa
hacia tierras más vírgenes.
La noche se confunde con el día
y éste se despedaza sin sentido
para que el miedo no nos coja solos.
Lamento confesarlo pero es cierto:
no hay otro modo de vivir la vida
que no sea huyendo del acecho
de sombras invisibles que persiguen
matarnos el asombro.
Por eso, ante pronósticos funestos,
lo nuestro es caminar y, de la mano,
vengarnos de la sangre y el olvido.
Dignificar la especie y ser felices,
no permitiendo que la mala hierba
congele nuestros pasos.