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[/QUOTE]Qué relato tan atrapante...Así es...Muy bueno. Te dejo estrellas, y un cálido saludo
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OTE=dulcinista;3756
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Soy Lennart Celsius. Cuando era libre fui profesor de teología. Ahora estoy preso en esta cárcel de piedra. Es una prisión extraña. Estoy prisionero en lo que es el hipogeo de la catedral. Un cristal divide la prisión en dos. Del otro lado del espejo, vive un tigre, también preso. La bóveda de la cárcel es muy alta, tanto, que al mirarla da vértigo. El espejo no toca la bóveda. El suelo de la prisión está formado por pequeñas baldosas poco mayores que una uña humana. El tigre y yo estamos en la misma situación. Creo que en la parte que ocupa el felino existe algún mecanismo que hace que el cristal se eleve. Sospecho que ese mecanismo está relacionado con las baldosas. Supongo que al pisar el tigre sobre ellas ocurre algo que hace elevarse al espejo. Cuando llegué a la prisión el cristal tocaba el suelo. Ahora, en el hueco que se ha abierto, cabe una de las zarpas del tigre. Nos bajan la comida con una soga que se desliza por una roldana de hierro. A través del cristal veo cómo la fiera abre sus fauces. Seré devorado por ella si antes no me mata el tiempo.
Eladio Parreño Elías
21-Noviembre-2011
Jo que crudo!! no hay escapatoria. vaya situaciones.....Macguiber seguro que salia......un saludo y estrellas a tu imaginación
Que así sea mi querida amiga Eva, que ese pobre hombre pronto se vea liberado de alguna manera. Un abrazo.Hay que ser positivos... la vida del tigre puede ser más corta o puede atragantarse con un trozo de carne, nunca se sabe! Hasta el rabo todo es toro??
Buen relato amigo mío;
besos y "cienes" de estrellas
Eva
Gracias amiga Cande, un abrazo hasta tu orilla.Vaya... menuda joya. Eladio, enganchas. Tu uso de las metájoras e imágenes es perfecto, con total nítidez hace que el lector recree el espacio. Mis estrellas
un abrazo
Gracias libra por tu comentario. Un abrazo.Un auténtico lujo, una joya de prosa, con un significado y unas imágenes sublimes. Mi aplauso y mi felicitación. Un abrazo Eladio.
Gracias mi querida amiga AZULAURORA por tu presencia en mi poema. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo.la peor condena para cualquiera es saberse atrapado y sin salida, ahi van a ocurrir y aparecer los mas grandes tigres que nos tragaran.
un placer casi fantástico pasar.
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Soy Lennart Celsius. Cuando era libre fui profesor de teología. Ahora estoy preso en esta cárcel de piedra. Es una prisión extraña. Estoy prisionero en lo que es el hipogeo de la catedral. Un cristal divide la prisión en dos. Del otro lado del espejo, vive un tigre, también preso. La bóveda de la cárcel es muy alta, tanto, que al mirarla da vértigo. El espejo no toca la bóveda. El suelo de la prisión está formado por pequeñas baldosas poco mayores que una uña humana. El tigre y yo estamos en la misma situación. Creo que en la parte que ocupa el felino existe algún mecanismo que hace que el cristal se eleve. Sospecho que ese mecanismo está relacionado con las baldosas. Supongo que al pisar el tigre sobre ellas ocurre algo que hace elevarse al espejo. Cuando llegué a la prisión el cristal tocaba el suelo. Ahora, en el hueco que se ha abierto, cabe una de las zarpas del tigre. Nos bajan la comida con una soga que se desliza por una roldana de hierro. A través del cristal veo cómo la fiera abre sus fauces. Seré devorado por ella si antes no me mata el tiempo.
Eladio Parreño Elías
21-Noviembre-2011
Excelente relato... Impresionante final. Hay algo hermoso en su manera de escribir, un gran talento es solo una cosa que hace, que me gustan sus escritos, pero hay algo más que el talento - no sabría decir, qué... Carisma, carácter... Cualquier cosa. Muy interesante, de veras. Me encanta.Saludos.
La genialidad y esa imaginación esfervescente que posees, hacen apasionante este magnifico relato.
Te felicito de todo corazón, mi amigo.
Un abrazo sincero, Eladio.
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Soy Lennart Celsius. Cuando era libre fui profesor de teología. Ahora estoy preso en esta cárcel de piedra. Es una prisión extraña. Estoy prisionero en lo que es el hipogeo de la catedral. Un cristal divide la prisión en dos. Del otro lado del espejo, vive un tigre, también preso. La bóveda de la cárcel es muy alta, tanto, que al mirarla da vértigo. El espejo no toca la bóveda. El suelo de la prisión está formado por pequeñas baldosas poco mayores que una uña humana. El tigre y yo estamos en la misma situación. Creo que en la parte que ocupa el felino existe algún mecanismo que hace que el cristal se eleve. Sospecho que ese mecanismo está relacionado con las baldosas. Supongo que al pisar el tigre sobre ellas ocurre algo que hace elevarse al espejo. Cuando llegué a la prisión el cristal tocaba el suelo. Ahora, en el hueco que se ha abierto, cabe una de las zarpas del tigre. Nos bajan la comida con una soga que se desliza por una roldana de hierro. A través del cristal veo cómo la fiera abre sus fauces. Seré devorado por ella si antes no me mata el tiempo.
Eladio Parreño Elías
21-Noviembre-2011
Hola amiga Lourdes, no pudo comerme porqueEladio, escribiste este relato hace mas de tres años y aun sigues escribiendo asi que veo que no te comió el tigre y sigues vivo de lo que me alegro. Quza tu y el tigre son amigos o ya fueron ambos liberados. Gracias por compartir tu talento. Este relato es muy interesante y muy bueno. Te felicito. Saludos.
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Soy Lennart Celsius. Cuando era libre fui profesor de teología. Ahora estoy preso en esta cárcel de piedra. Es una prisión extraña. Estoy prisionero en lo que es el hipogeo de la catedral. Un cristal divide la prisión en dos. Del otro lado del espejo, vive un tigre, también preso. La bóveda de la cárcel es muy alta, tanto, que al mirarla da vértigo. El espejo no toca la bóveda. El suelo de la prisión está formado por pequeñas baldosas poco mayores que una uña humana. El tigre y yo estamos en la misma situación. Creo que en la parte que ocupa el felino existe algún mecanismo que hace que el cristal se eleve. Sospecho que ese mecanismo está relacionado con las baldosas. Supongo que al pisar el tigre sobre ellas ocurre algo que hace elevarse al espejo. Cuando llegué a la prisión el cristal tocaba el suelo. Ahora, en el hueco que se ha abierto, cabe una de las zarpas del tigre. Nos bajan la comida con una soga que se desliza por una roldana de hierro. A través del cristal veo cómo la fiera abre sus fauces. Seré devorado por ella si antes no me mata el tiempo.
Eladio Parreño Elías
21-Noviembre-2011
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