Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Por las ramas de mis ojos que no trepas,
busco otros ojos debajo del cemento
de mi cama
mientras barro los retoños que te crecieron
en la boca
y cayeron de mis besos mientras te soñaba.
Ninguna pared te declara invisible:
ni la de la distancia que te eclipsa
ni la de los quince años que llevas sin aparecerte.
Sin embargo, busco otros ojos
porque los míos no sirven para mirarte.
Porque apagaron la luz y las señas,
busco unas manos más allá de estas manos
para tocarte,
para asir la cauda de tu huida
y clausurar tus pasos con el sello definitivo
de una nueva caricia.
Pero último muerto que seré
se adelanta al muerto que soy
para mostrarme mis manos solas,
manos de manco terco,
manos colgadas del clavo del adiós,
manos que escriben sobre el agua
que no las moja.
Las manos quietas de los ojos escarban el túnel,
pero el aire siempre se derrumba.
Presa del horizonte,
la mirada busca mirarse en los ojos que la realicen
como el prodigio de la piedra que tiende al polvo,
a la amenaza del despertar sin extrañarte,
al acoso de mis manos por mirar a otras mujeres
que se te parecen porque respiran.
Ciego de ti, te miro en todas y no eres ninguna,
ni la que eres
porque seguramente no te reconocería
si vinieras a buscar tus ojos.
busco otros ojos debajo del cemento
de mi cama
mientras barro los retoños que te crecieron
en la boca
y cayeron de mis besos mientras te soñaba.
Ninguna pared te declara invisible:
ni la de la distancia que te eclipsa
ni la de los quince años que llevas sin aparecerte.
Sin embargo, busco otros ojos
porque los míos no sirven para mirarte.
Porque apagaron la luz y las señas,
busco unas manos más allá de estas manos
para tocarte,
para asir la cauda de tu huida
y clausurar tus pasos con el sello definitivo
de una nueva caricia.
Pero último muerto que seré
se adelanta al muerto que soy
para mostrarme mis manos solas,
manos de manco terco,
manos colgadas del clavo del adiós,
manos que escriben sobre el agua
que no las moja.
Las manos quietas de los ojos escarban el túnel,
pero el aire siempre se derrumba.
Presa del horizonte,
la mirada busca mirarse en los ojos que la realicen
como el prodigio de la piedra que tiende al polvo,
a la amenaza del despertar sin extrañarte,
al acoso de mis manos por mirar a otras mujeres
que se te parecen porque respiran.
Ciego de ti, te miro en todas y no eres ninguna,
ni la que eres
porque seguramente no te reconocería
si vinieras a buscar tus ojos.
05 de abril de 2017
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