jmacgar
Poeta veterano en el portal
Confesiones de un viejo indecente
(tres octavas italianas de pie quebrado)
Mi mente oscura es algo macabra
y siente simpatía por la muerte;
la amarga vida no me ofrece suerte
sino desolación;
mal encarado y parco de palabra
soy saltimbanqui al borde del abismo
y últimamente ni conmigo mismo
tengo conversación.
---------------
Hoy pierden las sinapsis mis neuronas
y se diluye poco a poco el ego,
acabaré comido por el fuego
aunque puede, quizá,
que me devoren fieras más glotonas
a dos metros debajo de la tierra
pero, de veras, eso no me aterra,
ley de vida será.
----------------
Los recuerdos me engañan con frecuencia,
no me fío ni de mis pensamientos,
he perdido hasta los remordimientos,
y a peor va mi mal;
se me ha extraviado incluso la conciencia
y me he tornado, torpe, decadente,
viejo libidinoso, un indecente
que espera su final.
-------------------
Nota:(tres octavas italianas de pie quebrado)
Mi mente oscura es algo macabra
y siente simpatía por la muerte;
la amarga vida no me ofrece suerte
sino desolación;
mal encarado y parco de palabra
soy saltimbanqui al borde del abismo
y últimamente ni conmigo mismo
tengo conversación.
---------------
Hoy pierden las sinapsis mis neuronas
y se diluye poco a poco el ego,
acabaré comido por el fuego
aunque puede, quizá,
que me devoren fieras más glotonas
a dos metros debajo de la tierra
pero, de veras, eso no me aterra,
ley de vida será.
----------------
Los recuerdos me engañan con frecuencia,
no me fío ni de mis pensamientos,
he perdido hasta los remordimientos,
y a peor va mi mal;
se me ha extraviado incluso la conciencia
y me he tornado, torpe, decadente,
viejo libidinoso, un indecente
que espera su final.
-------------------
Octava italiana de pie quebrado. Tipo de octava aguda en que los versos cuarto y octavo son heptasílabos agudos, y los demás son endecasílabos.
Las rimas, según este ejemplo que veo en el Diccionario de Caparrós, y que muestro a continuación, serían así: A-B-B-c / A-D-D-c
Borraba ya del pensamiento mío
de la tristeza el importuno ceño;
dulce era mi vivir, dulce mi sueño,
dulce mi despertar.
Ya en mi pecho era lóbrego vacío
el que un tiempo rugió volcán ardiente;
ya no pasaban negras por mi mente
nubes que hacen llorar.
(Nicomedes Pastor Díaz)
Última edición: