Lleana
Poeta adicto al portal
Confusión.
Llueve,
y los cristales tiritan, encausados desde el eco
que mueve
lo que no guardo por temor al sol.
Aprendí a soltar mis manos,
y junto a ellas
detrás, mis labios
adjuntos,
deshechos de palabras santas,
en un sitio cuidado
el cuál ya no admite reflexión...
Te ves distinto en segundos
dejando caer la melodía sorda que flamea
desde el alma,
y viene hacia mí lo inevitable
a reafirmar que es mito,
lo que llamo una daga
atravesando un solsticio
que cambia,
si convino lo abrupto
que se queda tan lejos
o retorna,
junto al lecho
en que habita la verdad
de tu mirada.
.-.-.-.
Llueve,
y los cristales tiritan, encausados desde el eco
que mueve
lo que no guardo por temor al sol.
Aprendí a soltar mis manos,
y junto a ellas
detrás, mis labios
adjuntos,
deshechos de palabras santas,
en un sitio cuidado
el cuál ya no admite reflexión...
Te ves distinto en segundos
dejando caer la melodía sorda que flamea
desde el alma,
y viene hacia mí lo inevitable
a reafirmar que es mito,
lo que llamo una daga
atravesando un solsticio
que cambia,
si convino lo abrupto
que se queda tan lejos
o retorna,
junto al lecho
en que habita la verdad
de tu mirada.
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