Kazor
Poeta adicto al portal
Tocando el fino pétalo de esa flor,
sentado en el único lugar tranquilo,
bailando ante miradas de dioses razonables,
mientras los demás se quedan dormidos.
Palpando la conciencia del último beso amarillo,
buscando el salón de tu cuerpo decidido,
corriendo por pasillos como en un laberinto,
soñando con tus ojos, reflejandome en su agua.
La brisa recorre la fauna de este valle,
azulado es el calor que recorre mis sentidos,
tu falda es cajón para mis recuerdos podridos.
Mujer, conozco cada parte de tu planeta,
he viajado en camiones por las curvas de tus tetas,
he bebido sorbo a sorbo la lentitud sobre ti,
he creído en la euforía cuando no te conocía,
ahora que estas aquí pierdo toda mi energía
por culpa de tus labios de jazmín abandonado.
Las almas se acercan con demasiada cautela,
tenemos mucho miedo a desconocernos,
pues sólo se de ti lo que han visto mis manos,
por eso no te odio, por eso no te amo.
Andamos sin cariño por cada carretera,
como si nos buscase la mismísima muerte,
sin hablar siquiera la pasión siempre existe.
En los rincones de tú cama tantas veces he paseado,
tantas veces he gritado, y otras tantas disfrutado.
Lo nuestro no es amor. Somos dos cuerpos frágiles
que intentan mutuamente llegar a conocerse.
sentado en el único lugar tranquilo,
bailando ante miradas de dioses razonables,
mientras los demás se quedan dormidos.
Palpando la conciencia del último beso amarillo,
buscando el salón de tu cuerpo decidido,
corriendo por pasillos como en un laberinto,
soñando con tus ojos, reflejandome en su agua.
La brisa recorre la fauna de este valle,
azulado es el calor que recorre mis sentidos,
tu falda es cajón para mis recuerdos podridos.
Mujer, conozco cada parte de tu planeta,
he viajado en camiones por las curvas de tus tetas,
he bebido sorbo a sorbo la lentitud sobre ti,
he creído en la euforía cuando no te conocía,
ahora que estas aquí pierdo toda mi energía
por culpa de tus labios de jazmín abandonado.
Las almas se acercan con demasiada cautela,
tenemos mucho miedo a desconocernos,
pues sólo se de ti lo que han visto mis manos,
por eso no te odio, por eso no te amo.
Andamos sin cariño por cada carretera,
como si nos buscase la mismísima muerte,
sin hablar siquiera la pasión siempre existe.
En los rincones de tú cama tantas veces he paseado,
tantas veces he gritado, y otras tantas disfrutado.
Lo nuestro no es amor. Somos dos cuerpos frágiles
que intentan mutuamente llegar a conocerse.
Última edición: