Nýcolas
Poeta asiduo al portal
¡Ay!, esto es tan hermoso...
Los libros, la estufa, la luz roja, vos, ¡la noche!
La música barroca, ¡el sol del mañana y
Las estrellas!, tantas estrellas...
Qué grande está la luna.
¡La vida en cuatro paredes!, como un pajarito
Que canta la libertad entre las rejas,
¡Cuánta vida hay entre tus ojos
Qué descansa y baila entre tus cejas!
No estamos muertos y creamos el universo
En cada movimiento. Te miro, me miras,
Nos miramos, te veo y me ves y nos creamos,
Lo creamos, ¡los creamos!, como una brisa de
Otoño en el Ocaso vistO a través de los Ojos
De un enamorado. La pasión y el fuego de
Los rebeldes, y su suavidad y su temple y su
Sagrado amor infinito más allá del tiempo y del espacio.
¡Oh, mujer árabe!, ¿qué esconde tu mirada
De acero y de miel? Oh, mujer...
La belleza luciferina. El espíritu de fatal oposición.
Es allí donde el sabor de la llama y la pasión
Toman un matiz único, indescriptible e inefable,
Cual un amanecer visto a los ojos de un amante.
Y hoy yo te contemplo, como los astros contemplan
A la luna.
Acompañante de las noches y el silencio,
¡Sí!, a ti te hablo, trovador amigo del Destino,
En tus manos está el ardor y llevo el sello del juicio
En tu palma. Tu puño..., es mi esperanza. Mas recuerda,
Con la carne no volamos, volamos con las plumas.
Ese es nuestro golpe. Herederos del Cielo y de la Luz,
Hijos de la luz, amantes de la luz, ¡guerreros de la luz!.
Al final de día, ¡y cuán blanco es!, vemos siempre un águila
Que desciende como un rayo, su mirada es nuestra mirada,
¡El Alma!, y siempre al final de la montaña. Es nuestra hora.
Y aquí... Comienza la vida.
Toma la rosa, hermano, y escribe con sangre
La sagrada delicia del maldito, expulsados del Edén,
También aquí tenemos bellas flores. Y con el perfume
De Aquiles penetraremos en las puertas del reino celestial,
Altivos, sobre pegasos endemoniados o coléricos bucéfalos
Impíos, siempre con una espada en la pupila.
Hoy el corazón es un secreto, pero cada latido se expresa
En nuestro caminar. ¡Mil caminos y un horizonte!, recuerda
La máxima de este condenado, pues no somos divididos:
Somos uno.
«Los resignados de este mundo aún en su más profunda
Decepción conservan su espíritu insaciable, guerrero, innato.»
Nos dice la voz de un fémino fuego fatal,
Desde las profundidades de un abismo dual,
Donde demonios y reyes desterrados y princesas marginadas
Junto a príncipes caídos y héroes olvidados, contemplan
Todavía el mar. Hay un Azul detrás de cada Averno.
Danza la consciencia ya sea en el cielo o el infierno,
Y hoy nosotros despertamos.
¡Despertamos!...
Los libros, la estufa, la luz roja, vos, ¡la noche!
La música barroca, ¡el sol del mañana y
Las estrellas!, tantas estrellas...
Qué grande está la luna.
¡La vida en cuatro paredes!, como un pajarito
Que canta la libertad entre las rejas,
¡Cuánta vida hay entre tus ojos
Qué descansa y baila entre tus cejas!
No estamos muertos y creamos el universo
En cada movimiento. Te miro, me miras,
Nos miramos, te veo y me ves y nos creamos,
Lo creamos, ¡los creamos!, como una brisa de
Otoño en el Ocaso vistO a través de los Ojos
De un enamorado. La pasión y el fuego de
Los rebeldes, y su suavidad y su temple y su
Sagrado amor infinito más allá del tiempo y del espacio.
¡Oh, mujer árabe!, ¿qué esconde tu mirada
De acero y de miel? Oh, mujer...
La belleza luciferina. El espíritu de fatal oposición.
Es allí donde el sabor de la llama y la pasión
Toman un matiz único, indescriptible e inefable,
Cual un amanecer visto a los ojos de un amante.
Y hoy yo te contemplo, como los astros contemplan
A la luna.
Acompañante de las noches y el silencio,
¡Sí!, a ti te hablo, trovador amigo del Destino,
En tus manos está el ardor y llevo el sello del juicio
En tu palma. Tu puño..., es mi esperanza. Mas recuerda,
Con la carne no volamos, volamos con las plumas.
Ese es nuestro golpe. Herederos del Cielo y de la Luz,
Hijos de la luz, amantes de la luz, ¡guerreros de la luz!.
Al final de día, ¡y cuán blanco es!, vemos siempre un águila
Que desciende como un rayo, su mirada es nuestra mirada,
¡El Alma!, y siempre al final de la montaña. Es nuestra hora.
Y aquí... Comienza la vida.
Toma la rosa, hermano, y escribe con sangre
La sagrada delicia del maldito, expulsados del Edén,
También aquí tenemos bellas flores. Y con el perfume
De Aquiles penetraremos en las puertas del reino celestial,
Altivos, sobre pegasos endemoniados o coléricos bucéfalos
Impíos, siempre con una espada en la pupila.
Hoy el corazón es un secreto, pero cada latido se expresa
En nuestro caminar. ¡Mil caminos y un horizonte!, recuerda
La máxima de este condenado, pues no somos divididos:
Somos uno.
«Los resignados de este mundo aún en su más profunda
Decepción conservan su espíritu insaciable, guerrero, innato.»
Nos dice la voz de un fémino fuego fatal,
Desde las profundidades de un abismo dual,
Donde demonios y reyes desterrados y princesas marginadas
Junto a príncipes caídos y héroes olvidados, contemplan
Todavía el mar. Hay un Azul detrás de cada Averno.
Danza la consciencia ya sea en el cielo o el infierno,
Y hoy nosotros despertamos.
¡Despertamos!...