Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Estaciones del año, estaciones en calma,
versátiles momentos en el quehacer rutinario.
Cuescos de Durazo ruidosos al caer al suelo,
mil noches surcadas por el reino frutal.
Cuerpos sudorosos que jadean mientras aman.
¡Tiembla la eternidad al conocer la ruptura de la carne!
deshace la nieve que se convierte en fango.
Terrones de azúcar quemada al sol rojo,
edificios de cristal, se deshacen al golpearlos la piedra primitiva.
Se pierde un minuto y lo masticamos al olvidarlo.
Masticamos el tiempo,
las horas, minutos y segundos.
Masticamos el concreto liso, pedregoso, nos desesperamos al pensar en la niña enamorada de un oso polar que ríe grande porque ella no tiene la edad suficiente para vivir en esa zona fría, solitaria.
Es el oso que ríe grande en el desierto.
Soplamos la lluvia y empapamos la hierba en el pavimento negruzco,
todo en todo es paisaje.
Derramamos el llanto que cae por la ladera del monte, continuando el viaje.
Vertimos la esperanza como una crema de leche que cubre de blanco nuestra espera.
La electricidad blanca inicia su danza,
baila lenta,
baila suave,
baila segura.
Tiemblan los rayos mientras le hacen el amor a la estela, cubriéndose de voltios que ríen locos en el aire,
a la luz de la luna.
versátiles momentos en el quehacer rutinario.
Cuescos de Durazo ruidosos al caer al suelo,
mil noches surcadas por el reino frutal.
Cuerpos sudorosos que jadean mientras aman.
¡Tiembla la eternidad al conocer la ruptura de la carne!
deshace la nieve que se convierte en fango.
Terrones de azúcar quemada al sol rojo,
edificios de cristal, se deshacen al golpearlos la piedra primitiva.
Se pierde un minuto y lo masticamos al olvidarlo.
Masticamos el tiempo,
las horas, minutos y segundos.
Masticamos el concreto liso, pedregoso, nos desesperamos al pensar en la niña enamorada de un oso polar que ríe grande porque ella no tiene la edad suficiente para vivir en esa zona fría, solitaria.
Es el oso que ríe grande en el desierto.
Soplamos la lluvia y empapamos la hierba en el pavimento negruzco,
todo en todo es paisaje.
Derramamos el llanto que cae por la ladera del monte, continuando el viaje.
Vertimos la esperanza como una crema de leche que cubre de blanco nuestra espera.
La electricidad blanca inicia su danza,
baila lenta,
baila suave,
baila segura.
Tiemblan los rayos mientras le hacen el amor a la estela, cubriéndose de voltios que ríen locos en el aire,
a la luz de la luna.
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