Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Conocimos el invierno,
su carne magra y el afilado hueso,
su bilingüe raíz y la milenaria piedra,
de sus cenizas hicimos plata desangrada.
Dejamos atrás el oro manchado
de la infancia que se volvió liquen
o musgo en el almirez del tiempo.
Crecimos en la absoluta ausencia
de las cosas que nunca acontecieron,
insomnes respiramos el cansancio
de un largo dolor reclamando ser salvados.
Apenas somos reales cuando llega la noche,
y entonces iniciamos la lenta diáspora
hacia el olvido, el tortuoso itinerario
de la amnesia aún sin nombre.
Aguardamos en silencio el final de los días,
y disponemos la sangre para un veneno dulce,
paradigma de un crimen perfecto.
su carne magra y el afilado hueso,
su bilingüe raíz y la milenaria piedra,
de sus cenizas hicimos plata desangrada.
Dejamos atrás el oro manchado
de la infancia que se volvió liquen
o musgo en el almirez del tiempo.
Crecimos en la absoluta ausencia
de las cosas que nunca acontecieron,
insomnes respiramos el cansancio
de un largo dolor reclamando ser salvados.
Apenas somos reales cuando llega la noche,
y entonces iniciamos la lenta diáspora
hacia el olvido, el tortuoso itinerario
de la amnesia aún sin nombre.
Aguardamos en silencio el final de los días,
y disponemos la sangre para un veneno dulce,
paradigma de un crimen perfecto.