El consuelo de saberse querido,
por un pueblo unido,
que jamás será vencido,
ni pecará, por negligencia, ni tampoco a drede,
pues no ofende quien quiere, sino quien puede.
Y como el pueblo, grotesco, en definitiva,
en una gran embarcación, a la deriva,
por el Mare Nostrum, se dirige a Roma,
en la Creación, habrá Amor y Broma.
Como estrellas y piedras.
El consuelo de ascender al cielo,
en cuerpo y alma, como la virgen María;
o de trepar por los árboles, como los lémures
de cola larga. El consuelo de pintar las fachadas
de los edificios. Pintor de brocha gorda...