Lírico.
Exp..
Contar hasta cien
He visto al tipo
que suele estar
en el balcón
del edificio
de enfrente.
Le he visto muy de cerca,
con ese pelo blanco
y peinado hacia atrás;
la barba también blanca.
Me ha recordado
a Ernest Hemingway;
me ha venido a la mente
su suicidio, volándose
la tapa de los sesos.
El tipo es mayor, pero
no sé, a veces,
los viejos pueden
quitarse ellos de en medio
con butano y mechero;
están tensando
la piel de la memoria
hasta límites
que mejor no pensarlo,
y, tal vez, los recuerdos
les hostiguen tenaces
como sabuesos.
Esta noche, la luna
es como el ojo
amarillento
de un muerto
flotando en agua
negra y espesa.
Voy a liarme
otro cigarro. Voy
a contar hasta cien,
o hasta un millón,
a ver si olvido
al tipo y a Hemingway
y la luna y su cielo
como un océano
de agua negra y espesa.
Por el momento,
llegando a los 40
me doy ya con un canto
en los dientes del alma.
He visto al tipo
que suele estar
en el balcón
del edificio
de enfrente.
Le he visto muy de cerca,
con ese pelo blanco
y peinado hacia atrás;
la barba también blanca.
Me ha recordado
a Ernest Hemingway;
me ha venido a la mente
su suicidio, volándose
la tapa de los sesos.
El tipo es mayor, pero
no sé, a veces,
los viejos pueden
quitarse ellos de en medio
con butano y mechero;
están tensando
la piel de la memoria
hasta límites
que mejor no pensarlo,
y, tal vez, los recuerdos
les hostiguen tenaces
como sabuesos.
Esta noche, la luna
es como el ojo
amarillento
de un muerto
flotando en agua
negra y espesa.
Voy a liarme
otro cigarro. Voy
a contar hasta cien,
o hasta un millón,
a ver si olvido
al tipo y a Hemingway
y la luna y su cielo
como un océano
de agua negra y espesa.
Por el momento,
llegando a los 40
me doy ya con un canto
en los dientes del alma.
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