Contemplativa decisión

Littera

Poeta asiduo al portal
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Al herir el horizonte
del Sol el postrer heraldo
y luego extender Selene
su negro y vetusto sayo,

desgajaré mi memoria,
mataré mis versos claros,
arrumbaré mis ensueños
y silenciaré mis labios.

Presa de la soledad
y de un destino nefando,
guïaré mi corazón
y encaminaré mis pasos

hacia aquellos encinares
misteriosos y lejanos
en que corriesen veloces
de mi juventud los años.

Donde exhala aromas suaves
el viento sutil y alado,
crecen las lindas violetas
y grillan los grillos francos;

donde de innúmeras luces
puede admirarse adornado
el rostro terso y afable
del firmamento gallardo;

donde, exentos de asperezas
y de dolores en salvo,
disfruten mis pobres ojos
de placeres regalados;

donde, oyendo a Filomela
cantar con dulzura y garbo,
se atenúe y morigere
mi enrobrescido cansancio;

donde las flavas avispas
con su vuelo acompasado
aparten mis pensamientos
de territorios aciagos.

Tenderé allí la espalda
sobre el tronco fuerte y sabio
de un poderoso, grandevo,
robusto y solemne árbol,

y esperaré a que la paz
atrape mis lacias manos
y anude mi albina frente
con mil complacientes lazos.

Nunca nadie evocará
de mi semblante los rasgos,
los matices de mi amor
ni la especie de mis actos;

tampoco nadie hollará
lo que mis pies descalzados
ni sabrá que mis suspiros
movieron al mismo mármol.

Venga, pues, sin dilación
el bello y vivaz ocaso
y la consunción con él
de los males del pasado.
 


Al herir el horizonte
del Sol el postrer heraldo
y luego extender Selene
su negro y vetusto sayo,

desgajaré mi memoria,
mataré mis versos claros,
arrumbaré mis ensueños
y silenciaré mis labios.

Presa de la soledad
y de un destino nefando,
guïaré mi corazón
y encaminaré mis pasos

hacia aquellos encinares
misteriosos y lejanos
en que corriesen veloces
de mi juventud los años.

Donde exhala aromas suaves
el viento sutil y alado,
crecen las lindas violetas
y grillan los grillos francos;

donde de innúmeras luces
puede admirarse adornado
el rostro terso y afable
del firmamento gallardo;

donde, exentos de asperezas
y de dolores en salvo,
disfruten mis pobres ojos
de placeres regalados;

donde, oyendo a Filomela
cantar con dulzura y garbo,
se atenúe y morigere
mi enrobrescido cansancio;

donde las flavas avispas
con su vuelo acompasado
aparten mis pensamientos
de territorios aciagos.

Tenderé allí la espalda
sobre el tronco fuerte y sabio
de un poderoso, grandevo,
robusto y solemne árbol,

y esperaré a que la paz
atrape mis lacias manos
y anude mi albina frente
con mil complacientes lazos.

Nunca nadie evocará
de mi semblante los rasgos,
los matices de mi amor
ni la especie de mis actos;

tampoco nadie hollará
lo que mis pies descalzados
ni sabrá que mis suspiros
movieron al mismo mármol.

Venga, pues, sin dilación
el bello y vivaz ocaso
y la consunción con él
de los males del pasado.


Bellísimas coplas asonantadas en los versos pares, estimado Littera,
tienen mi APTO;
un saludo cordial,
edelabarra
 
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