Mª Amparo Garrigós Cerdán
Poeta recién llegado
Era para ti la primera palabra
y el penúltimo compás de mi melodía,
y para ti el día entero y la noche eterna
de mi soledad.
Para tus ojos de agua, mis ojos de humo,
para tus manos de hombre, mis dedos de hiedra,
para tus labios de espuma, mis besos de sal,
y para tu alma de viento, este corazón sangriento
supurando amor.
Era para ti la tarde que palpita, la madrugada inquieta,
y la cadencia del tiempo derramando
versos de miel en el caracol de tu oído
siempre insatisfecho,
para ti el amanecer desnudo de las noches tatuadas
por la pasión en el lecho blanco hecho jirones.
Y el deseo que no se acaba,
y la vida que no se rinde.
Y quedó para mí la pena, y la angustia,
y la terrible condena
de no poder alcanzarte nunca
con mis pies malheridos y mis alas rotas.
y el penúltimo compás de mi melodía,
y para ti el día entero y la noche eterna
de mi soledad.
Para tus ojos de agua, mis ojos de humo,
para tus manos de hombre, mis dedos de hiedra,
para tus labios de espuma, mis besos de sal,
y para tu alma de viento, este corazón sangriento
supurando amor.
Era para ti la tarde que palpita, la madrugada inquieta,
y la cadencia del tiempo derramando
versos de miel en el caracol de tu oído
siempre insatisfecho,
para ti el amanecer desnudo de las noches tatuadas
por la pasión en el lecho blanco hecho jirones.
Y el deseo que no se acaba,
y la vida que no se rinde.
Y quedó para mí la pena, y la angustia,
y la terrible condena
de no poder alcanzarte nunca
con mis pies malheridos y mis alas rotas.