Angel Virgilio
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hace un tiempo casi muerto me inyectaron
savia donada de un árbol que despertó mis venas,
desde entonces la foresta vive en mí.
Yo no corro a la humedad de lluvia,
si la nube es negra parirá la flor.
Tiznado latir de piel me arropa.
En mí la oscuridad no aúlla fantasmas,
realidad incolora que ilumina
me enseñó que el diamante es carbón.
Yo no corro a la humedad de lluvia,
si la nube es negra parirá la flor.
Las piedras son los huesos de mi río,
las mismas piedras que apagaron
su brillo al caer un día me encienden el alma.
Yo soy parte de la sierra que se hace madriguera
de pájaros y peces.
Entonces un día cuando muera
seré un afán de brisas en tus cabellos,
un sorbo de agua en tu garganta
o parte de tu corazón.
Yo no corro al soleado día,
pero a veces, sí del prójimo
…Y es esa mi contradicción.
savia donada de un árbol que despertó mis venas,
desde entonces la foresta vive en mí.
Yo no corro a la humedad de lluvia,
si la nube es negra parirá la flor.
Tiznado latir de piel me arropa.
En mí la oscuridad no aúlla fantasmas,
realidad incolora que ilumina
me enseñó que el diamante es carbón.
Yo no corro a la humedad de lluvia,
si la nube es negra parirá la flor.
Las piedras son los huesos de mi río,
las mismas piedras que apagaron
su brillo al caer un día me encienden el alma.
Yo soy parte de la sierra que se hace madriguera
de pájaros y peces.
Entonces un día cuando muera
seré un afán de brisas en tus cabellos,
un sorbo de agua en tu garganta
o parte de tu corazón.
Yo no corro al soleado día,
pero a veces, sí del prójimo
…Y es esa mi contradicción.
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