sara0305
Poeta fiel al portal
A veces, la vida es un dulce de cianuro;
otras tantas, un dedo en la boca
apostando al silencio.
- Así me dijiste aquella tarde-
-En ese entonces, no te entendí-
Conforme el camino se convirtió en una rosa
tus palabras se hicieron el presagio de mis días.
Hay mañanas en las que me levanto
llena de almendras en los bolsillos
por tantos amores contrariados
(Así lo anticipó García Márquez).
Y quisiera echar andar al amor
en una silla de ruedas
y mandarlo a volar (o trastabillar)
en una ladera.
No obstante, por estas paradojas
de aún tener amor en un mundo de odio;
(¿O es raro el odio en un mundo de amor?)
llevo en el corazón, a lado de cada arteria,
dos velas de santo -en la espera-
de ver cumplido un deseo.
Quisiera estés conmigo;
(ambos crecimos, y ya ves
como es esa amnesia de olvidar
a la gente, que solíamos llamar amigos)
así podría preguntarte
por cada jardín de tu alma,
convertido en desierto.
¿Cómo lo supiste tan pronto?
Aunque hubiera sido raro que no sea así.
Eras un niño con palabras de viejo
creciendo como árboles en tu boca.
Ayer te vi,
con tu maletín de adultez añeja
y tu traje ocultando al poeta.
Me reconociste,
y en tu mirada
Nació la pregunta eterna
¿Con cuántos dulces
y cuantos silencios definiste a la vida?
Sara Montaño
Derechos Reservados
otras tantas, un dedo en la boca
apostando al silencio.
- Así me dijiste aquella tarde-
-En ese entonces, no te entendí-
Conforme el camino se convirtió en una rosa
tus palabras se hicieron el presagio de mis días.
Hay mañanas en las que me levanto
llena de almendras en los bolsillos
por tantos amores contrariados
(Así lo anticipó García Márquez).
Y quisiera echar andar al amor
en una silla de ruedas
y mandarlo a volar (o trastabillar)
en una ladera.
No obstante, por estas paradojas
de aún tener amor en un mundo de odio;
(¿O es raro el odio en un mundo de amor?)
llevo en el corazón, a lado de cada arteria,
dos velas de santo -en la espera-
de ver cumplido un deseo.
Quisiera estés conmigo;
(ambos crecimos, y ya ves
como es esa amnesia de olvidar
a la gente, que solíamos llamar amigos)
así podría preguntarte
por cada jardín de tu alma,
convertido en desierto.
¿Cómo lo supiste tan pronto?
Aunque hubiera sido raro que no sea así.
Eras un niño con palabras de viejo
creciendo como árboles en tu boca.
Ayer te vi,
con tu maletín de adultez añeja
y tu traje ocultando al poeta.
Me reconociste,
y en tu mirada
Nació la pregunta eterna
¿Con cuántos dulces
y cuantos silencios definiste a la vida?
Sara Montaño
Derechos Reservados