Salvador Santiago
Poeta adicto al portal
Me gusta la cordillera blanca
su tierra húmeda
la gente alegre
el jugar de los niños
los árboles floridos en sus colores silvestres
la puesta de sol en tus ojos
el atardecer de los míos
al resplandor del inquirir de los tuyos.
Me gusta el ser sensible
que aloja en el espíritu de las flores
la piedra acallada que nunca reclama
y en ellas al arbitrio de sus rudas formas
el hombre humilde que se deja asolear.
Me gusta el sol en la fruta
la mesa servida en el amor de tus manos
el mar que atisbo en el horizonte hundido
el trance que se sumerge en su entorno
la compañía del cielo a su deriva
el vaivén del aire en su brisa marina.
Pero a decir verdad lo que mas me gusta
es el ser que libre nace y se incorpora
al fluir de nuestras implícitas conversaciones.
su tierra húmeda
la gente alegre
el jugar de los niños
los árboles floridos en sus colores silvestres
la puesta de sol en tus ojos
el atardecer de los míos
al resplandor del inquirir de los tuyos.
Me gusta el ser sensible
que aloja en el espíritu de las flores
la piedra acallada que nunca reclama
y en ellas al arbitrio de sus rudas formas
el hombre humilde que se deja asolear.
Me gusta el sol en la fruta
la mesa servida en el amor de tus manos
el mar que atisbo en el horizonte hundido
el trance que se sumerge en su entorno
la compañía del cielo a su deriva
el vaivén del aire en su brisa marina.
Pero a decir verdad lo que mas me gusta
es el ser que libre nace y se incorpora
al fluir de nuestras implícitas conversaciones.
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