Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Conversandocon Airun sobre mi hermana Ligia.
Airun, yo nunca conocí a Ligia, como nunca te conocí a ti.
Sin embargo, aunque ella naciera mucho antes que yo,
a Maruchi la llevo en los ríos internos de mi sangre.
Otra rama del viejo roble, indoblegable, que baila con el vaivén
del viento y el añejado tiempo que no perdona.
Me parece ver sus retratos en la prensa de sociedad
allá en Santiago en los años cuarenta del ultimo siglo.
Es bueno saber que Ligia tuvo una vida agradable
y que no tuvo que ir al río a lavar la ropa.
Sin embargo, Airun, yo sé el secreto que corroe las almas.
Aquel gusano que perfora la manzana de los sentimientos.
Yo sé, que allí sentada sobre las nubes sociales
rodeadas de vírgenes histéricas,
que lavan sus cuerpos de porcelana
con jabones españoles y mazorcas de maíz nuevo,
se preguntaba quién es ella y por qué era diferente.
La vida, Airun, se desprende al paso del tiempo,
como las hojas del otoño, cae por su propio peso.
Ya ves, hay un pedazo de otros en nosotros,
un retoño de tiempo, unas raíces de lugar.
Algo me gustaba de Buenos Aires y no sabía por qué,
allá en el sur el cielo es más ancho,
el viento más frígido...
o es una voz interna que heredé en la sangre...
Airun, yo nunca conocí a Ligia, como nunca te conocí a ti.
Sin embargo, aunque ella naciera mucho antes que yo,
a Maruchi la llevo en los ríos internos de mi sangre.
Otra rama del viejo roble, indoblegable, que baila con el vaivén
del viento y el añejado tiempo que no perdona.
Me parece ver sus retratos en la prensa de sociedad
allá en Santiago en los años cuarenta del ultimo siglo.
Es bueno saber que Ligia tuvo una vida agradable
y que no tuvo que ir al río a lavar la ropa.
Sin embargo, Airun, yo sé el secreto que corroe las almas.
Aquel gusano que perfora la manzana de los sentimientos.
Yo sé, que allí sentada sobre las nubes sociales
rodeadas de vírgenes histéricas,
que lavan sus cuerpos de porcelana
con jabones españoles y mazorcas de maíz nuevo,
se preguntaba quién es ella y por qué era diferente.
La vida, Airun, se desprende al paso del tiempo,
como las hojas del otoño, cae por su propio peso.
Ya ves, hay un pedazo de otros en nosotros,
un retoño de tiempo, unas raíces de lugar.
Algo me gustaba de Buenos Aires y no sabía por qué,
allá en el sur el cielo es más ancho,
el viento más frígido...
o es una voz interna que heredé en la sangre...
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