Convoco a la belleza en la palabra
con la lluvia celeste de perseidas.
Que ilumine los cielos de este mundo
el polvo que liberan las estrellas.
Que se empape de luz y verso a verso
aleje de nosotros esta pena
y entonemos el "Himno a la alegría"
como una sinfonía de avenencia.
Quizás al embozarnos la sonrisa
perdimos la habitual naturaleza
que nos une a los otros sin palabras
deshaciendo los muros y fronteras.
Que en el mágico encanto de lo etéreo
sintamos que las alas son ligeras,
que la rosa se hizo inmarcesible
y que las mariposas son eternas.
Que el poeta de amor nunca reniegue,
que toda herida a un soñador nos duela.*
¡Porque reine la luz sobre las sombras
hoy quiero convocar a la belleza!
Nota: el verso 5º tiene una ligera brisa de Serrat en su homenaje a Machado
y el verso 18 es de otro poema de mi autoría.