Raamses
Poeta asiduo al portal
Habrías lamentado menos
la ausencia de impresionismo en tus blusas,
si a tus oídos estallara en certero
la noticia de lo opaco demandando a los colores,
no me disculpé de robarle los crayones a un niño
tampoco de robarle sentencias a una venidera oradora,
importante era hacerlo bien y encajar el momento
justo dónde había decidido hacerse viejo,
me costó darle ese tenue brillo a tu sonrisa
pero valió la pena cada libra de la fuerza que le dediqué.
Correr no cansa si otra sombra predilecta te persigue -dijiste-
que amable es la caída libre sin un mañana.
Berrinche porque arrancar las flores para nuestro beneficio
es de asesinos, reclamar su derecho a marchitarse, debemos,
¿qué clase de chica defiende olvidos milenarios?
toda parte que tenga podrida en mí te la encargo a ti,
manos milagrosas son las que destuercen lo gutural de una imagen
para luego recuperarse de la batalla, solas, sola.
¿Por qué siempre las excusas nacen y conjuran las guerras?
Las ovejas corriendo como leones
porque no duerme al no asimilar que ya era feliz.
Empujo yo entonces más la vida victoriosa en un podio
no habrá reducto en la cocina, detrás de la biblioteca
para presenciar lo grotesco inventándose sin invitación.
¡Tenía que inventar un cielo rojo y tratar de derramar azul la sangre!
Ya no es geométrica la dicha junto a un monitor cardíaco
es la pandilla de susurros envidiosos
de vivir en la misma casa de lo irrepetible.
Lo más sano para un latido es rebotar contra quién anhela
terrible para su rebotar es el eco de sí mismo, la soledad devorándolo.
Porque vas a venir con tus inmensas ganas de vivir, soñando que mueres,
tienes que estar convulsionando, tienes que estar convulsionando para que suceda.
¡Retratar bajo la luna el llanto de los valientes que dieron de baja su mejor apuesta!
Tienes que estar convulsionando, tiene que ser una charada de tu devenir
destruyendo el mensaje: tuviste que ser una ilusión, tuviste que ser la negación
de lo perfecto ocurriendo.
la ausencia de impresionismo en tus blusas,
si a tus oídos estallara en certero
la noticia de lo opaco demandando a los colores,
no me disculpé de robarle los crayones a un niño
tampoco de robarle sentencias a una venidera oradora,
importante era hacerlo bien y encajar el momento
justo dónde había decidido hacerse viejo,
me costó darle ese tenue brillo a tu sonrisa
pero valió la pena cada libra de la fuerza que le dediqué.
Correr no cansa si otra sombra predilecta te persigue -dijiste-
que amable es la caída libre sin un mañana.
Berrinche porque arrancar las flores para nuestro beneficio
es de asesinos, reclamar su derecho a marchitarse, debemos,
¿qué clase de chica defiende olvidos milenarios?
toda parte que tenga podrida en mí te la encargo a ti,
manos milagrosas son las que destuercen lo gutural de una imagen
para luego recuperarse de la batalla, solas, sola.
¿Por qué siempre las excusas nacen y conjuran las guerras?
Las ovejas corriendo como leones
porque no duerme al no asimilar que ya era feliz.
Empujo yo entonces más la vida victoriosa en un podio
no habrá reducto en la cocina, detrás de la biblioteca
para presenciar lo grotesco inventándose sin invitación.
¡Tenía que inventar un cielo rojo y tratar de derramar azul la sangre!
Ya no es geométrica la dicha junto a un monitor cardíaco
es la pandilla de susurros envidiosos
de vivir en la misma casa de lo irrepetible.
Lo más sano para un latido es rebotar contra quién anhela
terrible para su rebotar es el eco de sí mismo, la soledad devorándolo.
Porque vas a venir con tus inmensas ganas de vivir, soñando que mueres,
tienes que estar convulsionando, tienes que estar convulsionando para que suceda.
¡Retratar bajo la luna el llanto de los valientes que dieron de baja su mejor apuesta!
Tienes que estar convulsionando, tiene que ser una charada de tu devenir
destruyendo el mensaje: tuviste que ser una ilusión, tuviste que ser la negación
de lo perfecto ocurriendo.
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