Travieso coqueteo,
que peligrosamente invita al deseo.
La mirada siempre esquiva,
que nada significa,
juguetea con mis ojos
y los vuelve locos.
Danzan las miradas,
escondiéndose desesperadas,
para no verse deseadas
y por otras imitadas.
Una sonrisa aparece,
atacando ferozmente,
y haciendo ceder al otro lentamente,
invitándose, aunque parezca sorprendente,
A amarse eternamente.