Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando en Ciudad Babel,
(Buenos Aires) y desde
la inconmensurable altura
de tu desdén, arrojaste
mi corazón por el morisco
ventano a nuestra luna,
(bajo cuya complaciente
iridiscencia tantas noches
hicimos los dos las mil y una)
impelida mi arteria,
palpitante aún por ti, doy fe,
¡cayó como plomo!,
(no tanto por su peso
sino por su pesar)
rozó y se rebanó una pizca
de su melosa humanidad
en la crispada moldura
de una gárgola gótica
y otra en una hoja del floral
enredo metálico Art Nouveau
de un panzón balcón francés.
Atravesó tres toldos
de filigrana oriental y el alto
techo vidriado de una
marquesina americana de neón,
se desgarró de refilón
en la punta de lanza
de una verja de hierro
estilo inglés, impactó
finalmente en la calle
de adoquines, colonial,
rebotó... ¡y se ensartó!
en cuatro clavos de una cama
de faquir que un cambalache,
a falta de Biblia y calefón,
exhibía como “gancho”
de capción en la vereda.
Y ya asediado por tres gatos
y dos perros callejeros
de irresoluto pedigrí,
(aviesos por famélicos a más)
al oír tu taconeo singular,
indiferente tú a su suerte
y vanidosa, luciendo
tu último modelo Christian Dior
y difundiendo tu fragante
Chanel “number…” ¡ya ni sé!,
apócrifo todo, trillado y baladí
como tu sentimiento,
mi maltrecho corazón
emitió, pobre, el último ‘tun’
de un Shakespiriano
latido de amor... y feneció.
¿Lo puedes creer?
©Juan Oriental
(Buenos Aires) y desde
la inconmensurable altura
de tu desdén, arrojaste
mi corazón por el morisco
ventano a nuestra luna,
(bajo cuya complaciente
iridiscencia tantas noches
hicimos los dos las mil y una)
impelida mi arteria,
palpitante aún por ti, doy fe,
¡cayó como plomo!,
(no tanto por su peso
sino por su pesar)
rozó y se rebanó una pizca
de su melosa humanidad
en la crispada moldura
de una gárgola gótica
y otra en una hoja del floral
enredo metálico Art Nouveau
de un panzón balcón francés.
Atravesó tres toldos
de filigrana oriental y el alto
techo vidriado de una
marquesina americana de neón,
se desgarró de refilón
en la punta de lanza
de una verja de hierro
estilo inglés, impactó
finalmente en la calle
de adoquines, colonial,
rebotó... ¡y se ensartó!
en cuatro clavos de una cama
de faquir que un cambalache,
a falta de Biblia y calefón,
exhibía como “gancho”
de capción en la vereda.
Y ya asediado por tres gatos
y dos perros callejeros
de irresoluto pedigrí,
(aviesos por famélicos a más)
al oír tu taconeo singular,
indiferente tú a su suerte
y vanidosa, luciendo
tu último modelo Christian Dior
y difundiendo tu fragante
Chanel “number…” ¡ya ni sé!,
apócrifo todo, trillado y baladí
como tu sentimiento,
mi maltrecho corazón
emitió, pobre, el último ‘tun’
de un Shakespiriano
latido de amor... y feneció.
¿Lo puedes creer?
©Juan Oriental
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