Corina, de la calle Salta (En el día internacional de l@s trabajador@s del sexo)

Cris Cam

Poeta adicto al portal
Corina, de la calle Salta


Labio contra labio contra labio
y la península mía;
beso contra beso contra beso
y tu bahía.
Catalina Bahía (Miguel Cantilo)


A todas ellas, en especial a Marie Britnie Ormond



Corina no conoció la península de Pedro.
Claro, aún no había nacido.
Tampoco tantos poemas y canciones
de ese extraño amor por ellas,
tantas Catalinas, por todas partes.

Sí, conoció,
los sanguches de mortadela y el mate cocido,
mientras crecía en su duro e ingrato oficio.

La rubias blancas de glaucos ojos,
cosas del racismo vernáculo,
obran en Jardines de Babilonia,
Nordelta y Puerto Madero.
Ellas, las Brown sugar, las oscuritas,
como decía María de la cuarta chancleta,
en el frío de la Pana o las ratas de la calle Salta.

Para aquellas Ibiza, Tahiti, Punta Cana,
fiestas de alcohol y cocaína.
Para estas las palizas.

Así que ahora se asocian,
van a clases de aerobics y Karate,
y usan el celular en código
que aleja, previene y alerta
a los cafishios, violentos y la cana.

Mamá le inculcó amor por el arte,
danza, música, literatura
Picasso, Maja, Ravel, Poe.
Ella optó por Tais.

Corina es muy joven,
nosotros también,
como para haber conocido,
la vieja ley de profilaxis,
hasta que el diablo,
es decir,
la puta iglesia,
metió la cola,
en nombre de la moral.

Mientras tanto,
entre cliente y cliente,
sueña,
como La Roxana,
en zapatitos de cristal.
 
Corina, de la calle Salta


Labio contra labio contra labio
y la península mía;
beso contra beso contra beso
y tu bahía.
Catalina Bahía (Miguel Cantilo)


A todas ellas, en especial a Marie Britnie Ormond



Corina no conoció la península de Pedro.
Claro, aún no había nacido.
Tampoco tantos poemas y canciones
de ese extraño amor por ellas,
tantas Catalinas, por todas partes.

Sí, conoció,
los sanguches de mortadela y el mate cocido,
mientras crecía en su duro e ingrato oficio.

La rubias blancas de glaucos ojos,
cosas del racismo vernáculo,
obran en Jardines de Babilonia,
Nordelta y Puerto Madero.
Ellas, las Brown sugar, las oscuritas,
como decía María de la cuarta chancleta,
en el frío de la Pana o las ratas de la calle Salta.

Para aquellas Ibiza, Tahiti, Punta Cana,
fiestas de alcohol y cocaína.
Para estas las palizas.

Así que ahora se asocian,
van a clases de aerobics y Karate,
y usan el celular en código
que aleja, previene y alerta
a los cafishios, violentos y la cana.

Mamá le inculcó amor por el arte,
danza, música, literatura
Picasso, Maja, Ravel, Poe.
Ella optó por Tais.

Corina es muy joven,
nosotros también,
como para haber conocido,
la vieja ley de profilaxis,
hasta que el diablo,
es decir,
la puta iglesia,
metió la cola,
en nombre de la moral.

Mientras tanto,
entre cliente y cliente,
sueña,
como La Roxana,
en zapatitos de cristal.
El oficio más antiguo también tiene sus castas y sus clases. Saludos cordiales, Cristian Camila.
 

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