Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arde el silencio sin crepitar de llamas,
me rodea gélido un adiós intuido,
se atraviesa como astilla en la garganta
enmudeciendo mi voz... nada es distinto
Sé que dejaste tus últimas palabras
con el negro de mis lágrimas escrito
en este maldito lienzo que amuralla
la esperanza en intrincado laberinto
Vagan mis dedos por sal cristalizada
pero tu mensaje se cifra en olvido,
quizás la pena que mis ojos empaña
haga imposible que camines conmigo
Entiendo que esta soledad es amarga,
que al besarme notas su sombra en mis labios,
que su presencia se te hace algo extraña
siempre tan constante en pertinaz latido
Por eso, me quedaré quieta y callada
paseando mis pulsos por sus espinos,
cada gota de sangre recuerda a mi alma
que aun sintiéndote morir, continúas vivo
Miro tus huellas que en el tiempo se amparan
tras el vitral de esta ventana las hilo,
cortinas que en telón opaco se bajan
cuando patio y escena quedan vacíos
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