En el hombro izquierdo
llevo el espantapájaros de la Polio
en la frente un cráter Made in Varicela
en los labios algunos garabatos del Herpes Simplex
en los pómulos la factura de la testosterona
seis puntos en el meñique
de cuando descubría pájaros
matándolos a piedras,
el testículo derecho y cosmonauta
ya zurcido, reivindicado, y abstinente,
las rodillas
casi pared de jeroglíficos
donde resaltan varias bicicletas cerreras
unos pies miopes para el Football
y un congénito talento de caer
que creció en esta venganza de escribir.
El Norte lo marcan dos mordidas de una puta
que no tuvo vocación para llamarse Penélope,
el Este un arañazo de ese sol
que nunca pide permiso
cuando de sacudir sábanas se trata,
el Oeste son callos en mis nudillos
que datan de otros alcoholes y besos
de días en que amaba cosas
y aun no sabía decir adiós,
el Sur una península mustia
que cree en sirenas
y juega por instinto a la avestruz
aislando siempre el sentir de la ecuación.
La escala
siquiera alcanza tus tobillos
pero más que en metros
prefiero que me midas en sílabas,
y si se trata de colores
te exijo un pentagrama de grises.
Por lo tanto
si al tercer trago de noche
aun te amanece la sed,
regrésame a las olas
y a esa botella en la que siempre
me he sentido tan cómodo
y perdido.
llevo el espantapájaros de la Polio
en la frente un cráter Made in Varicela
en los labios algunos garabatos del Herpes Simplex
en los pómulos la factura de la testosterona
seis puntos en el meñique
de cuando descubría pájaros
matándolos a piedras,
el testículo derecho y cosmonauta
ya zurcido, reivindicado, y abstinente,
las rodillas
casi pared de jeroglíficos
donde resaltan varias bicicletas cerreras
unos pies miopes para el Football
y un congénito talento de caer
que creció en esta venganza de escribir.
El Norte lo marcan dos mordidas de una puta
que no tuvo vocación para llamarse Penélope,
el Este un arañazo de ese sol
que nunca pide permiso
cuando de sacudir sábanas se trata,
el Oeste son callos en mis nudillos
que datan de otros alcoholes y besos
de días en que amaba cosas
y aun no sabía decir adiós,
el Sur una península mustia
que cree en sirenas
y juega por instinto a la avestruz
aislando siempre el sentir de la ecuación.
La escala
siquiera alcanza tus tobillos
pero más que en metros
prefiero que me midas en sílabas,
y si se trata de colores
te exijo un pentagrama de grises.
Por lo tanto
si al tercer trago de noche
aun te amanece la sed,
regrésame a las olas
y a esa botella en la que siempre
me he sentido tan cómodo
y perdido.