Cosas del destino

libertino

Poeta recién llegado
El destino se empecino en que la busque, sea cual sea el lugar, su nido, no importaba, todo valía la pena si podía ver su rostro de nuevo, las manos blancas como algodón, y el pelo negro como el asfalto.
Comencé a interrogarme los lugares que frecuentábamos, donde poníamos los pies, por donde los besos habían dejado rastro alguno, pregunte a los arboles de las plazas, en las esquinas logre escribir su nombre con tinta azul, pero nada me llevaba hacia ella, nada me hacia suponer de su vuelta.
La confianza a veces es ciega y otras veces muda, pero en mi caso ambas fueron a la vez.
Sin mas remedio que el sol, volví con la frustración a cuesta y tirado en la cama me hice pasar por un Dios, que solo al mover un dedo todo lo puede, todo lo transforma. Tarde cuerpo, tarde llego la hora, tarde el maldito momento en que te pensé, tarde la imaginación, tarde y si que esta pasado en horas, estas ganas de volver a ver tus ojos.
Un viejo instante, al día siguiente me hizo recordar un numero perdido, una certeza que no era tal, un invierno que se aproximaba, entonces bajo el manto de coraje, llame y pregunte tu nombre, su nombre, el mundo.
Entonces una vos fina como hilo respondió, estoy casada y con dos hijos.
 

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