dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Cosas del diablo son, sin duda. Vivo solo en una casa enorme y vetusta que ha llegado hasta mí a través de muchas generaciones. Estaba yo leyendo en la biblioteca cuando vi aparecer de la nada a mi abuelo, padre de mi padre, que llevaba muchos años muerto. Lo vi sentarse de espaldas a mí, frente a la mesa que servía de escritorio. Vi con terror que tenía una pequeña serpiente enrollada en su cuello. Comenzó a escribir algo. De pronto, su cabeza se dio la vuelta. Grité al ver la cabeza al revés. Vi con terror que no tenía ojos, sus cuencas estaban vacías. Por una de las cuencas se introdujo la serpiente y desapareció. Depositó con su mano derecha algo sobre el escritorio; era algo de color rojo. Terminó de escribir y desapareció.
Desperté con el corazón acelerado. Creí notar como un olor nauseabundo por toda la habitación. Me acerqué al escritorio; sobre la mesa había una rosa roja. La olí; olía a putrefacción y muerte. Como un relámpago pasaron por mi mente las palabras que mi padre había repetido en mi presencia muchas veces: Cuando mi padre fue enterrado, llenamos su ataúd de rosas.
Recordé que la aparición había escrito algo sobre un papel; lo cogí para leerlo, pero no pude, ya que se convirtió en polvo nada más cogerlo. Cosas del diablo, sin duda.
Eladio Parreño Elías
12-Diciembre-2011