jmacgar
Poeta veterano en el portal
Cosas insignificantes que suceden muy rara vez…
Tengo un pendrive cuya carcasa protectora se me descuajaringó con un golpe. Me quedé sólo con su esqueleto que conservé porque así y todo funciona bien. Cuando lo llevo de acá para allá le cubro su impúdica desnudez vistiéndolo con un forro de plástico transparente y duro, de dos piezas que, en una vida anterior , cubrían un lápiz de labios. Fue una solución ingeniosa que se me ocurrió y que me ha dado muy buen resultado para protegerlo.
Hoy me ha sucedido lo siguiente. Cuando voy a hacer uso de él en el ordenador le he de quitar, naturalmente, el susodicho vestido, aún con olor a lápiz de labios, de cuyo aroma ya se ha impregnado también el mencionado pendrive. Ya desnudo el adminículo, lo introduzco en el puerto USB (y perdonen la descripción que creo que parece rozar la pornografía, aunque sea cibernética). Las dos partes de la carcasa que lo cubrían las dejo sobre la mesilla junto al teclado. Al dar un manotazo torpemente cerca de ellas, una de las partes rueda sobre la superficie y cae al suelo dando unos cuantos curiosos botes muy saltarines y termina, ¡OH cosa increíble!, quedándose de pie, de forma vertical, apoyada con la parte circular hacia el suelo en vez de quedar tumbada como hubiese sido lo más lógico; o sea que se queda en posición erecta, por seguir con lo de la pornografía.
Yo no sé, en un cálculo de probabilidades, cuantas veces podría pasar esto, pero a mí me pareció tan extraordinariamente raro que pensé que sería muy extraño que volviese a suceder algo así, de hecho hice caer luego a posta dicha carcasa innumerables veces al suelo desde la misma altura por ver si se repetía el fenómeno y que si quieres arroz Catalina.
¿Han visto ustedes de qué cosas me maravillo? bueno, no se preocupen, podría ser peor; hay ocasiones en las que me pongo a mirar alelado, cuando sopla un remolino de brisa, como se pone a jugar con una bolsa plástica vacía haciéndola dar mil volteretas y giros en el aire, subiéndola y bajándola, azarosamente, y no por un instante, no, se encapricha con ella durante un rato que parece una eternidad; les puedo asegurar que es un espectáculo tan increíble que no dejo de mirar hasta que el puñetero remolino se cansa de jugar con la bolsa.. ¿Ven como podría ser peor?
Tengo un pendrive cuya carcasa protectora se me descuajaringó con un golpe. Me quedé sólo con su esqueleto que conservé porque así y todo funciona bien. Cuando lo llevo de acá para allá le cubro su impúdica desnudez vistiéndolo con un forro de plástico transparente y duro, de dos piezas que, en una vida anterior , cubrían un lápiz de labios. Fue una solución ingeniosa que se me ocurrió y que me ha dado muy buen resultado para protegerlo.
Hoy me ha sucedido lo siguiente. Cuando voy a hacer uso de él en el ordenador le he de quitar, naturalmente, el susodicho vestido, aún con olor a lápiz de labios, de cuyo aroma ya se ha impregnado también el mencionado pendrive. Ya desnudo el adminículo, lo introduzco en el puerto USB (y perdonen la descripción que creo que parece rozar la pornografía, aunque sea cibernética). Las dos partes de la carcasa que lo cubrían las dejo sobre la mesilla junto al teclado. Al dar un manotazo torpemente cerca de ellas, una de las partes rueda sobre la superficie y cae al suelo dando unos cuantos curiosos botes muy saltarines y termina, ¡OH cosa increíble!, quedándose de pie, de forma vertical, apoyada con la parte circular hacia el suelo en vez de quedar tumbada como hubiese sido lo más lógico; o sea que se queda en posición erecta, por seguir con lo de la pornografía.
Yo no sé, en un cálculo de probabilidades, cuantas veces podría pasar esto, pero a mí me pareció tan extraordinariamente raro que pensé que sería muy extraño que volviese a suceder algo así, de hecho hice caer luego a posta dicha carcasa innumerables veces al suelo desde la misma altura por ver si se repetía el fenómeno y que si quieres arroz Catalina.
¿Han visto ustedes de qué cosas me maravillo? bueno, no se preocupen, podría ser peor; hay ocasiones en las que me pongo a mirar alelado, cuando sopla un remolino de brisa, como se pone a jugar con una bolsa plástica vacía haciéndola dar mil volteretas y giros en el aire, subiéndola y bajándola, azarosamente, y no por un instante, no, se encapricha con ella durante un rato que parece una eternidad; les puedo asegurar que es un espectáculo tan increíble que no dejo de mirar hasta que el puñetero remolino se cansa de jugar con la bolsa.. ¿Ven como podría ser peor?
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