Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Solía contarle fantásticas y no muy comunes historias antes y después de llevarle a la cama. Historias que devaluaban los sueños de piel, de huesos, de músculos, corazón y sangre.
Lo mío, eran historias de sueños, alas y vuelos y sábanas aladinas, de sombras que se ofrecían gustosas en sacrificio a la luz cuando escuchaban a mis labios rondar la palabra amor, y que cuando de sexo se trataba, corrían a colgarse de la persiana para que la mañana jamás nos llegara y luego, desde allá, asomaban apenas las narices y sonreían y sobornaban al día para que no se moviera y la noche nos fuera eterna.
Cuando llegaba a cierto punto de alguna de mis historias, sus ojos verdes de aceituna se cristalizaban, su boca se empapaba de miel de avispas y sus manos me acariciaban el rostro hasta que sus dedos se perdían en mi cabellera y me besaba como se besa al amado que se ha rescatado de algún naufragio, o como aquel que después de años regresa de alguna guerra perdida.
Lo mío era allanarle el camino a la fantasía y contarle como después de fabricarle el amor a su cuerpo me volvía de nuevo unicornio y mordía sus raíces y abrevaba en la y griega de su cuerpo y brincaba las serranías de su espalda y lamía la sal de su piel de noche buena y después comía, para satisfacer mis delirios, de todas sus parcelas.
No sé, pero creo que se fue porque su alma estaba acostumbrada a las cosas sencillas, quizás un beso y otro y la ropa a dormir en el deshuesadero de la esquina del cuarto, después una vez y otra vez y luego a dormir sin pensar en lo fantásticas que pueden ser alguna historias cuando se trata de tener sueños, y soñar.
Due 19-07-12 en una tarde en la que recordé su piel de miel de avispa, los tropezones de pastel de su espalda, sus lunares cual luceros y sus luceros como luz de luna de pecho.
TOC TOC!
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Lo mío, eran historias de sueños, alas y vuelos y sábanas aladinas, de sombras que se ofrecían gustosas en sacrificio a la luz cuando escuchaban a mis labios rondar la palabra amor, y que cuando de sexo se trataba, corrían a colgarse de la persiana para que la mañana jamás nos llegara y luego, desde allá, asomaban apenas las narices y sonreían y sobornaban al día para que no se moviera y la noche nos fuera eterna.
Cuando llegaba a cierto punto de alguna de mis historias, sus ojos verdes de aceituna se cristalizaban, su boca se empapaba de miel de avispas y sus manos me acariciaban el rostro hasta que sus dedos se perdían en mi cabellera y me besaba como se besa al amado que se ha rescatado de algún naufragio, o como aquel que después de años regresa de alguna guerra perdida.
Lo mío era allanarle el camino a la fantasía y contarle como después de fabricarle el amor a su cuerpo me volvía de nuevo unicornio y mordía sus raíces y abrevaba en la y griega de su cuerpo y brincaba las serranías de su espalda y lamía la sal de su piel de noche buena y después comía, para satisfacer mis delirios, de todas sus parcelas.
No sé, pero creo que se fue porque su alma estaba acostumbrada a las cosas sencillas, quizás un beso y otro y la ropa a dormir en el deshuesadero de la esquina del cuarto, después una vez y otra vez y luego a dormir sin pensar en lo fantásticas que pueden ser alguna historias cuando se trata de tener sueños, y soñar.
Due 19-07-12 en una tarde en la que recordé su piel de miel de avispa, los tropezones de pastel de su espalda, sus lunares cual luceros y sus luceros como luz de luna de pecho.
TOC TOC!
-Quien es?
-Soy tu nuevo vecino, soy rubio y actor porno.
-Ay! Voy voy!!!
-Ajaa zorra! Somos los Testigos de Jehova ARREPIENTETE DEMONIA!
-Soy tu nuevo vecino, soy rubio y actor porno.
-Ay! Voy voy!!!
-Ajaa zorra! Somos los Testigos de Jehova ARREPIENTETE DEMONIA!
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