La Sexorcisto
Lluna V. L.
No recuerdo la infancia
la tengo todavía
al doblar la esquina de los sueños
o dar cuatro pasos en la calle,
está a veces en el cielo y en el mar
también entre ambos
en eso que llamamos la línea del horizonte,
y esa línea también podría cambiarse
por la del destino,
un ferry que se va las llanuras manchegas
para traer el Sol duro y fuerte
sobre la piel de una niña feliz
corriendo tras la polvaterada
de los rebaños de ovejas,
de cuando algún gavilán en el cielo
planeando en círculos y mostrando su poderío
entre los erosionados cerros,
días calurosos en el cuales el tiempo
se alargaba por eterno con luz diáfana
bajo la cual mover rápidamente la sombra
hacia el próximo escondite
y reír con los amigos,
jugar para arriba y abajo
entre callejas de casas blancas
y los abuelos enfadados
salir de tras de mi para que volviera.
La infancia está ahí, jamás se irá.
la tengo todavía
al doblar la esquina de los sueños
o dar cuatro pasos en la calle,
está a veces en el cielo y en el mar
también entre ambos
en eso que llamamos la línea del horizonte,
y esa línea también podría cambiarse
por la del destino,
un ferry que se va las llanuras manchegas
para traer el Sol duro y fuerte
sobre la piel de una niña feliz
corriendo tras la polvaterada
de los rebaños de ovejas,
de cuando algún gavilán en el cielo
planeando en círculos y mostrando su poderío
entre los erosionados cerros,
días calurosos en el cuales el tiempo
se alargaba por eterno con luz diáfana
bajo la cual mover rápidamente la sombra
hacia el próximo escondite
y reír con los amigos,
jugar para arriba y abajo
entre callejas de casas blancas
y los abuelos enfadados
salir de tras de mi para que volviera.
La infancia está ahí, jamás se irá.