Cotidianidad

Enrique Romero

Poeta recién llegado
Notas breves, minúsculas consciencias,
recordar las ocurrencias, las costumbres:
la alarma inquebrantable y después
regar el tórax de efervescencia,
maquillarse la cara o maquillarse la tristeza.

Salir apresurado, recorrer las mismas calles de siempre,
repetición en repetición como una cinta atascada.
¿Y después? La desesperación cotidiana ante las puertas cerradas,
ante el miedo de que se posen sobre nosotros los puñales de las manecillas.

Sonreír, ver el amanecer en algún rostro desconocido,
extasiarse la imaginación del opio de lo prohibido.
Recorrer la biblioteca en busca de un lugar vacío,
dormir bajo el sentir de algún poeta errado,
contener las lágrimas por el enfoque de una cámara
o la aparición súbita de una traslúcida silueta.

Lejos.

Salir, rellenarse la sonrisa de algodón grisáceo,
de poliéster nubarróneo, de tesón muriático.

Salir, verter la amnesia de la indiferencia;
en lontananza el ocaso y dentro las pupilas
el estallido del crepúsculo, nacimiento nocturno,
grajo y lucero.

Ampararse bajo el goteo melancólico de las estrellas.
Arrasarse la corbata y despedazarnos de nuevo en el umbral de la casa.
Vestir la opacidad, recalentar la cena: el arroz amarillo, la carne seca,
el comedor cada día más grande y más vacío.

Recriminarse las falencias, los cotidianos errores
que por no ser cotidianos serían huracanes incesantes.

¿Y ahora? Curar el insomnio
o fumar hasta que amanezca.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba