100 Años antes de Cristo
Poeta recién llegado
Crecer:
Una vez más a la batalla, gritaban los soldados.
Apiñados en la trinchera rectangular la balacera se hacia ineludible. Los muertos caían y el calor era imposible de soportar. Tanto que los hombres se desvanecían y caían inconscientes. Todos temían lo peor: Que hubieran arrojado la bomba.
Desde esa trinchera ya no salían balas ni heridos, el calor los había vencido.
Apiñados uno sobre otro solo les esperaba la muerte.
Limpió el piso, saco la hierva, dejando la tierra palada. Clavo entonces una especie de pirámide con la punta hacia abajo. Luego humedeció la zona con agua que traía en su cantimplora. Saco despacio y fabrico un molde, tomo la lata rectangular y con cuidado de no quemarse saco la vieja pintura que sobrenadaba sobre el plomo fundido. Arrojo el plomo en el molde y preparo su primer plomada.
A los 10 años había olvidado sus soldaditos de plomo y los encontró a los trece.
Una vez más a la batalla, gritaban los soldados.
Apiñados en la trinchera rectangular la balacera se hacia ineludible. Los muertos caían y el calor era imposible de soportar. Tanto que los hombres se desvanecían y caían inconscientes. Todos temían lo peor: Que hubieran arrojado la bomba.
Desde esa trinchera ya no salían balas ni heridos, el calor los había vencido.
Apiñados uno sobre otro solo les esperaba la muerte.
Limpió el piso, saco la hierva, dejando la tierra palada. Clavo entonces una especie de pirámide con la punta hacia abajo. Luego humedeció la zona con agua que traía en su cantimplora. Saco despacio y fabrico un molde, tomo la lata rectangular y con cuidado de no quemarse saco la vieja pintura que sobrenadaba sobre el plomo fundido. Arrojo el plomo en el molde y preparo su primer plomada.
A los 10 años había olvidado sus soldaditos de plomo y los encontró a los trece.