Juan S.
Poeta recién llegado
Ahora estoy solo francamente solo
Y no temo volar y dejarme caer en mis sueños
Soy aquel perfume del ayer
De un recuerdo olvidado que se desvaneció en el viento.
Como en un prado oscuro de invierno
Espere pacientemente que termine aquel
Pálido, frío, oscuro y lóbrego camino
En el que había caído.
Corrí como un loco a refugiarme en tus brazos
Y muy lentamente a medida que me acercaba
Te alejabas sonriendo
Y para mí todo terminaba.
Con mis ojos llorosos y mis piernas temblando
De tanto correr, mi corazón latía
Pudo ser dolor o cansancio
Pero lo sentía muy dentro en mi agonía.
Mi alma a gritos desesperada
Como si fuera el fin salió de mi cuerpo a buscarte
Y en medio de la nada
Te encontró perdida y sola.
El cielo se había tornado de un color fuego
Y tus ojos como una flama
Recorrían mi piel y
Quemaban mis pupilas.
No fue basta que mi alma abandonara mi cuerpo
Sino que mi corazón pedía a brincos desesperados
Cruzar aquel áspero cerco de piel para
Levantar sus raíces y huir de mi cuerpo, su arado.
Fue entonces cuando recordé
El dolor recóndito de mí ser,
Que en pasión y llanto se envolvía,
Hoy solo queda esta agonía, triste melancolía.
Y no temo volar y dejarme caer en mis sueños
Soy aquel perfume del ayer
De un recuerdo olvidado que se desvaneció en el viento.
Como en un prado oscuro de invierno
Espere pacientemente que termine aquel
Pálido, frío, oscuro y lóbrego camino
En el que había caído.
Corrí como un loco a refugiarme en tus brazos
Y muy lentamente a medida que me acercaba
Te alejabas sonriendo
Y para mí todo terminaba.
Con mis ojos llorosos y mis piernas temblando
De tanto correr, mi corazón latía
Pudo ser dolor o cansancio
Pero lo sentía muy dentro en mi agonía.
Mi alma a gritos desesperada
Como si fuera el fin salió de mi cuerpo a buscarte
Y en medio de la nada
Te encontró perdida y sola.
El cielo se había tornado de un color fuego
Y tus ojos como una flama
Recorrían mi piel y
Quemaban mis pupilas.
No fue basta que mi alma abandonara mi cuerpo
Sino que mi corazón pedía a brincos desesperados
Cruzar aquel áspero cerco de piel para
Levantar sus raíces y huir de mi cuerpo, su arado.
Fue entonces cuando recordé
El dolor recóndito de mí ser,
Que en pasión y llanto se envolvía,
Hoy solo queda esta agonía, triste melancolía.
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