KOVAC
Poeta recién llegado
Al poeta se le enfrían las manos
mientras se desangra
provocando que del crimen sentimental
nazca –al menos- algo parecido
a un poema.
Luego nadie sabe que la sangre que aplauden
le dolió a un poeta.
Mientras no se demuestre lo contrario
es el poeta, no la poesía,
lo que importa.
De nada vale el producto,
de nada el conjunto de letras
que hacen palabras que expresan ideas
que dan forma a la angustia
(que nadie puede asegurar que no tiene algo de fingida).
No puede tener tanta importancia
lo que seguramente caiga en el olvido
(en forma de cajón o carpeta, siempre con polvo).
Sólo los nombres propios sobreviven
mientras que el olvido siga sin ser algo premeditado.
Desconsuela saber que se duda
para negar el privilegio a los recursos del ego
(el poeta que pidió dejar de ser egocéntrico
también dejó de ser poeta).
No, poesía, tú no:
todo poema se agota con un punto final.
Nada de esto importa
(¿dónde está la necesidad?),
nada vale lo que un alma
intentando desahogarse,
intentando explicarse
(nunca del todo y el poeta lo sabe).
Sí, poeta, tú sí:
sí el proceso, desviviéndote
y amenazando de muerte a la calma,
sí a las madrugadas en vela
obligado por circunstancias
que se escapan de tu control y conciencia.
Es el divino espectáculo de ser poeta
(el poeta lo es porque tiene alma
de poeta y no talento –eso lo inventaron
más tarde en alguna academia-).
El espectáculo del sudor resbalándose por el bolígrafo
del hombre poeta que dignifica su vida
en un escritorio, mientras encauza
los naufragios de su universo interior
en las orillas de un mundo lleno
de dragones, pólvora y cal.
mientras se desangra
provocando que del crimen sentimental
nazca –al menos- algo parecido
a un poema.
Luego nadie sabe que la sangre que aplauden
le dolió a un poeta.
Mientras no se demuestre lo contrario
es el poeta, no la poesía,
lo que importa.
De nada vale el producto,
de nada el conjunto de letras
que hacen palabras que expresan ideas
que dan forma a la angustia
(que nadie puede asegurar que no tiene algo de fingida).
No puede tener tanta importancia
lo que seguramente caiga en el olvido
(en forma de cajón o carpeta, siempre con polvo).
Sólo los nombres propios sobreviven
mientras que el olvido siga sin ser algo premeditado.
Desconsuela saber que se duda
para negar el privilegio a los recursos del ego
(el poeta que pidió dejar de ser egocéntrico
también dejó de ser poeta).
No, poesía, tú no:
todo poema se agota con un punto final.
Nada de esto importa
(¿dónde está la necesidad?),
nada vale lo que un alma
intentando desahogarse,
intentando explicarse
(nunca del todo y el poeta lo sabe).
Sí, poeta, tú sí:
sí el proceso, desviviéndote
y amenazando de muerte a la calma,
sí a las madrugadas en vela
obligado por circunstancias
que se escapan de tu control y conciencia.
Es el divino espectáculo de ser poeta
(el poeta lo es porque tiene alma
de poeta y no talento –eso lo inventaron
más tarde en alguna academia-).
El espectáculo del sudor resbalándose por el bolígrafo
del hombre poeta que dignifica su vida
en un escritorio, mientras encauza
los naufragios de su universo interior
en las orillas de un mundo lleno
de dragones, pólvora y cal.
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