cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
CRONICA DE UNA VISIÓN
La luna es bella por naturaleza, pero
cuando se asoma como espejo por
Antigua Guatemala, copiando ese
paisaje, brilla su esplendida belleza.
Ayer fue una noche de luna llena
estaba hermosa, reflejando ese
místico conjunto y rico enjambre
de majestuosas y antiguas casas
Iluminadas de colores.
Su palacio de los capitanes, templos
volcanes, montañas y colinas
conventos y viejas ruinas.
La luna también suspira por Antigua
Guatemala, lo enigmático de su
historia, el hechizo de su encanto, el
atractivo envolvente, al visitante que
siempre vuelve.
Creo, del tiempo de la colonia,
hasta nuestros días, pasean por sus
calles, caminos y avenidas, el espíritu
de los conquistadores.
Poetas, escritores, e historiadores
en una bohemia nocturna, bajo la luz
de los faroles.
Todos disfrutando en las tabernas,
bares, tascas y bodegas, libando en
serenata de guitarras españolas.
O marimbas de tecomates, con buen
vino, servido en jarras de barro,
cristales o, metales, a la salud de quienes
recorren sus calles, dejando huellas de sus
pasos, de caites, tenis o sandalias, pies
nacionales y extranjeros en cada piedra,
de miles pegadas en la ciudad entera.
La magia del momento, la tertulia obligada
del turista sorprendido, por belleza de las
ruinas, rosas y otras flores en sus jardines,
museos y paseo en carruajes, tirados por
caballos.
La compra de las telas típicas, a indígenas
vendedoras, expertas en regateo, en dólares
o quetzales, en español u otro idioma
extranjero, que ellas dominan.
La fila de comensales en la casona, hora del
almuerzo, menú típico de la comida antigüeña:
Revolcado de cabeza, pepián negro u colorado.
Chiles rellenos/pacayas envueltas en huevo.
Arroz con pollo o gallo en chicha, con tortillas
confeccionadas a mano, con harina de maíz,
entre otra variedad de platillos.
Hasta aquí la cita, una oscura nube cubrió
la luna, cuando más embelesado estaba,
aunque me dio tiempo de escribir éstas líneas
para que ustedes visiten, Antigua Guatemala.
respiro luego escribo
La luna es bella por naturaleza, pero
cuando se asoma como espejo por
Antigua Guatemala, copiando ese
paisaje, brilla su esplendida belleza.
Ayer fue una noche de luna llena
estaba hermosa, reflejando ese
místico conjunto y rico enjambre
de majestuosas y antiguas casas
Iluminadas de colores.
Su palacio de los capitanes, templos
volcanes, montañas y colinas
conventos y viejas ruinas.
La luna también suspira por Antigua
Guatemala, lo enigmático de su
historia, el hechizo de su encanto, el
atractivo envolvente, al visitante que
siempre vuelve.
Creo, del tiempo de la colonia,
hasta nuestros días, pasean por sus
calles, caminos y avenidas, el espíritu
de los conquistadores.
Poetas, escritores, e historiadores
en una bohemia nocturna, bajo la luz
de los faroles.
Todos disfrutando en las tabernas,
bares, tascas y bodegas, libando en
serenata de guitarras españolas.
O marimbas de tecomates, con buen
vino, servido en jarras de barro,
cristales o, metales, a la salud de quienes
recorren sus calles, dejando huellas de sus
pasos, de caites, tenis o sandalias, pies
nacionales y extranjeros en cada piedra,
de miles pegadas en la ciudad entera.
La magia del momento, la tertulia obligada
del turista sorprendido, por belleza de las
ruinas, rosas y otras flores en sus jardines,
museos y paseo en carruajes, tirados por
caballos.
La compra de las telas típicas, a indígenas
vendedoras, expertas en regateo, en dólares
o quetzales, en español u otro idioma
extranjero, que ellas dominan.
La fila de comensales en la casona, hora del
almuerzo, menú típico de la comida antigüeña:
Revolcado de cabeza, pepián negro u colorado.
Chiles rellenos/pacayas envueltas en huevo.
Arroz con pollo o gallo en chicha, con tortillas
confeccionadas a mano, con harina de maíz,
entre otra variedad de platillos.
Hasta aquí la cita, una oscura nube cubrió
la luna, cuando más embelesado estaba,
aunque me dio tiempo de escribir éstas líneas
para que ustedes visiten, Antigua Guatemala.
respiro luego escribo