Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
ARCO DEL IRIS
Habituado a vivir entre muchedumbres que nunca traen buenas nuevas a mi espíritu, hubo una vez en la que sentí amor.
A raíz del árbol del conocimiento, todo se fue al garete.
Todos me rinden culto, pero nunca me rindo, culto.
Lo que ello supone es la estaticidad de mis principios vitales.
Espectáculo para los ciegos.
Rencor para los muertos.
Rabia para los mudos.
No he penetrado ninguna conciencia, porque mi conciencia es pura, y no se puede cambiar el sentido literal por un truño en el zapato.
No hay motivo para alarmarse si ya ni la literatura me llena.
No se puede escribir a Dios.
Habituado a vivir entre muchedumbres que nunca traen buenas nuevas a mi espíritu, hubo una vez en la que sentí amor.
A raíz del árbol del conocimiento, todo se fue al garete.
Todos me rinden culto, pero nunca me rindo, culto.
Lo que ello supone es la estaticidad de mis principios vitales.
Espectáculo para los ciegos.
Rencor para los muertos.
Rabia para los mudos.
No he penetrado ninguna conciencia, porque mi conciencia es pura, y no se puede cambiar el sentido literal por un truño en el zapato.
No hay motivo para alarmarse si ya ni la literatura me llena.
No se puede escribir a Dios.