Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se le cayó un ojo,
luego la piel.
La carne temblaba y él
no sabía qué hacer.
De frente, los pedazos desnudaban
y de pronto, la dureza de algún
hueso asomaba.
Incredulidad y horror
su garganta apretaban
¿Cómo era posible?
Y con morbosidad,
las falanges en una danza infernal,
observaba.
La vida, una eterna caída.
La muerte, un grito que se elevaba
hasta romper su alma.
Todo esto quemaba.
Ya era hora,
ya era hora,
¿Dónde están los ojos?
quería saber si lloraba.
Entonces el ángel de la muerte
cegó por completo, todas las sensaciones.
Me aburría, quería saber si se podía;
pero resulto en una pesadilla.
Resulta que no es tu hora y no puedo
arrebatarte la vida.
El aliento volvía,
aunque jamás podría dejar de ver
el cruel espectáculo, cerniéndose sobre la vida.
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