I – Habla la Mente Agitada
En mí retumba el viento de los días,
tormentas de dolor, dudas y enojos,
no hallo reposo en mares ni en despojos,
mis pensamientos son grises melodías.
¿Dónde quedó la luz de mis porfías,
el puerto firme, el alba entre los ojos?
Vago sin paz, sin tregua ni cerrojos,
presa de los vaivenes y las manías.
No huyas del rumor que en ti se agita,
mas míralo sin ser su prisionero,
que aquello externo nunca será entero
si el alma no lo acepta o lo medita.
La tempestad que ruge y te debilita
no nace fuera, brota desde el fuero.
De lo que no dominas, sé ligero;
gobierna lo que en ti se solicita.
¿Y si al dolor le presto menos fuego,
y al miedo le susurro que no insista?
¿Y si al presente puro me reintegro
sin juzgar lo que pasa o lo que existe?
Serás, por fin, la roca y no eco ciego,
la paz que no se impone, que persiste.
En mí retumba el viento de los días,
tormentas de dolor, dudas y enojos,
no hallo reposo en mares ni en despojos,
mis pensamientos son grises melodías.
¿Dónde quedó la luz de mis porfías,
el puerto firme, el alba entre los ojos?
Vago sin paz, sin tregua ni cerrojos,
presa de los vaivenes y las manías.
No huyas del rumor que en ti se agita,
mas míralo sin ser su prisionero,
que aquello externo nunca será entero
si el alma no lo acepta o lo medita.
La tempestad que ruge y te debilita
no nace fuera, brota desde el fuero.
De lo que no dominas, sé ligero;
gobierna lo que en ti se solicita.
¿Y si al dolor le presto menos fuego,
y al miedo le susurro que no insista?
¿Y si al presente puro me reintegro
sin juzgar lo que pasa o lo que existe?
Serás, por fin, la roca y no eco ciego,
la paz que no se impone, que persiste.
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